La tensión geopolítica en el Ártico escaló a niveles críticos este sábado. Una nueva encuesta de Voxmeter revela que el 38% de los ciudadanos daneses cree que Estados Unidos invadirá Groenlandia por la fuerza.
La encuesta sale a la luz luego de que el presidente Donald Trump advirtiera explícitamente que tomará el control del territorio "por las buenas o por las malas". La amenaza, justificada por la Casa Blanca ante la supuesta presencia de destructores rusos y chinos en la zona, ha puesto en jaque la estabilidad de la alianza atlántica.
El sondeo, realizado entre el 6 y el 9 de enero, expone el miedo real de que un aliado histórico como Washington ejecute una acción militar contra un socio de la OTAN. Según los datos, un 10% de los encuestados está "totalmente de acuerdo" con la posibilidad de una invasión inminente, mientras que un 28,3% está "de acuerdo".
Ultimátum estratégico: "Si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos"
La retórica de Trump ha pasado de la negociación comercial a la amenaza de seguridad nacional. El mandatario cuestionó abiertamente la soberanía de Copenhague, afirmando que "el hecho de que desembarcaran allí con un barco hace 500 años no significa que sean dueños de esa tierra".
Para Trump, la anexión es una necesidad defensiva urgente. "No podemos permitir que Rusia o China ocupen Groenlandia", sentenció, asegurando que la isla está actualmente rodeada de submarinos y buques enemigos. Aunque la administración estadounidense afirma que "considera activamente" la compra, la negativa a descartar el uso de la fuerza militar ha encendido todas las alarmas en Europa.
"No queremos ser estadounidenses"
La respuesta desde Nuuk, la capital groenlandesa, fue unánime y contundente. En un comunicado conjunto, los líderes de los cinco partidos del parlamento local rechazaron cualquier intento de anexión.
"No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses", afirmaron. Además, exigieron que el futuro de la isla sea decidido exclusivamente por su pueblo, sin presiones externas ni "interferencias de otros países".
Por su parte, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, elevó la advertencia a un plano global catastrófico. Sentenció que una toma norteamericana de la isla por la fuerza significaría el fin de la OTAN y el colapso de la estructura de seguridad establecida tras la Segunda Guerra Mundial.
Mientras Washington evalúa sus opciones, la isla más grande del mundo se ha convertido en el epicentro de una disputa que amenaza con redibujar el mapa de Occidente. En este tablero de máxima tensión, la gran incógnita que paraliza a las cancillerías es si el resto de los socios de la OTAN acudirían realmente en defensa de Dinamarca frente a una ofensiva de su propio aliado principal.