La Navidad de 2025 quedará marcada en los libros de historia del Vaticano. En su primera celebración como máxima autoridad de la Iglesia Católica, el papa León XIV decidió recuperar una tradición interrumpida desde 1994: oficiar la misa solemne dentro de la Basílica de San Pedro. Ante una multitud de fieles y tras más de 30 años, la ceremonia volvió al corazón del templo, lugar en donde no se celebraba una misa navideña desde 1994.
"Heridas abiertas" y el dolor de la guerra
Lejos de quedarse solo en el simbolismo litúrgico del regreso a la Basílica, el Pontífice lanzó una homilía cargada de realidad cruda. "Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente", sentenció. Su mensaje apuntó directamente a los conflictos actuales, haciendo una mención desgarradora sobre la situación humanitaria en Medio Oriente: "¿Cómo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas al frío?".
León XIV condenó con dureza las "guerras en curso o terminadas que dejan escombros", calificando de "insensatez" el envío de jóvenes al frente de batalla. Criticó sin rodeos los "discursos rimbombantes" de los líderes que mandan a morir a sus soldados y pidió que el dolor ajeno "haga añicos nuestras sólidas certezas" para comenzar a construir una paz verdadera.
El Papa remarcó que la paz no surge de decretos, sino que "nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado". Finalmente, para el cierre de la histórica jornada dio la bendición Urbi et Orbi, perfilando una Iglesia misionera que busca interrumpir sus monólogos para "caer de rodillas ante la carne desnuda de los demás".