Una historia de engaños, obsesiones ocultas y un plan frío y meticuloso terminó en una de las escenas criminales más perturbadoras que recuerde el Reino Unido en los últimos años.
El colombiano Yostin Andrés Mosquera, de 35 años y oriundo de Medellín, fue encontrado culpable del asesinato brutal de una pareja británica en Londres. El móvil: apoderarse de su vivienda valuada en 400.000 libras esterlinas (US$ 530.000) y acceder a sus cuentas bancarias.
El crimen, que parecía diseñado para pasar desapercibido, quedó al descubierto el 8 de julio de 2024, cuando un ciclista que recorría el icónico Puente Clifton Suspension, en Bristol, se cruzó con Mosquera, arrastrando una maleta con un evidente rastro de sangre. La escena le pareció tan fuera de lugar que decidió intervenir. Al cuestionarlo, el hombre aseguró que se trataba de aceite de auto, pero no pudo sostener la mentira. Entró en pánico y huyó. Tres días más tarde fue capturado por la policía, todavía con una remera manchada de sangre, cerca de la estación ferroviaria Bristol Temple Meads.
Según reveló la investigación, el asesino estuvo a punto de consumar lo que algunos investigadores definieron como un "crimen perfecto", ya que planeaba arrojar los restos al desfiladero del río Avon, una caída de más de 70 metros.
Mosquera conocía desde hacía más de diez años a una de sus víctimas, Albert Alfonso, de 62 años, instructor de natación. El vínculo había comenzado a través de una página para adultos, donde Alfonso era cliente frecuente de los videos sexuales que el colombiano comercializaba. Las prácticas que ofrecía eran extremas, y Mosquera usaba seudónimos como "Mr d*** 20cm" o "I am black master".
Aunque afirmaba trabajar en tecnología en Medellín y vivir con su esposa e hijo, mantenía una activa vida paralela. Con el tiempo, logró entablar una relación cercana con Alfonso y su pareja, Paul Longworth, de 71 años, quien no participaba de esas prácticas. En octubre de 2022, la pareja lo invitó a pasar unas semanas en el Reino Unido. Alfonso costeó los pasajes, los paseos y un curso de inglés. Ese gesto de confianza, que para cualquier amistad sería una muestra de cariño, fue interpretado por Mosquera como una oportunidad.
El colombiano volvió a Colombia, pero no dejó atrás su plan. En marzo de 2024, fue él quien los invitó a visitarlo a su país. Luego, regresó nuevamente a Londres en junio y se hospedó en la casa de la pareja, en el barrio Shepherd's Bush, donde fue tratado con generosidad.
En los días previos al doble crimen, Mosquera no solo se instaló en la casa, sino que llevó a cabo varias búsquedas en internet que incluían información sobre asesinos seriales, el valor de propiedades y el funcionamiento de licuadoras industriales. Además, investigó detalles bancarios y contraseñas de la víctima, Alfonso, y buscó en Facebook Marketplace artículos como un congelador y una licuadora de gran capacidad.
El 8 de julio atacó primero a Longworth, mientras Alfonso se encontraba fuera. Lo golpeó nueve veces en la cabeza con un martillo, provocándole la muerte, y escondió el cuerpo debajo de una cama. Luego, sin mostrar signos de nerviosismo, se conectó para coordinar su regreso a Colombia.
Al anochecer, cuando Alfonso regresó a su casa, Mosquera lo recibió con una falsa propuesta de grabar una sesión sexual. Lo condujo al dormitorio, donde lo apuñaló salvajemente en el cuello al menos 13 veces, todo mientras una cámara web registraba la escena. Las imágenes, que fueron analizadas por los jurados, mostraban a Mosquera actuando con sangre fría, incluso sonriente, mientras acababa con la vida de su víctima.
"El rostro que vimos en ese video no expresaba miedo ni remordimiento. Era un hombre exultante, celebrando lo que acababa de hacer", declaró el inspector jefe Ollie Stride. El nivel de violencia fue tal que, según sus propias palabras, los oficiales llegaron a preguntarse si estaban frente a un criminal entrenado.
Las imágenes que se difundieron después del veredicto revelan que, tras cometer el segundo asesinato, Mosquera se quitó la mascarilla y los guantes, y comenzó a cantar y bailar desnudo, con las manos y los brazos manchados de sangre.
Frialdad después del horror
Con los cuerpos ya sin vida, Mosquera pasó los días siguientes descuartizándolos. Colocó las cabezas en un congelador y el resto en varias valijas. Mientras tanto, accedió a las cuentas de las víctimas, retiró dinero y envió mensajes desde el celular de Alfonso a su lugar de trabajo, simulando una falsa emergencia familiar que lo obligaba a viajar a Costa Rica.
Incluso contrató a un desconocido para que lo trasladara a Bristol con las maletas. Fue en ese trayecto cuando fue visto por el ciclista, que terminó frustrando el último paso de su plan: desaparecer las pruebas.
Durante el juicio, Mosquera intentó justificarse asegurando que actuó en defensa propia, alegando que Alfonso había matado a su pareja. La versión no convenció al jurado, que en apenas cinco horas lo halló culpable del doble homicidio.
Yostin Andrés Mosquera escuchó la sentencia sin mostrar ninguna emoción. La condena definitiva será anunciada el 24 de octubre. Pero ya nada podrá borrar la huella macabra que dejó su paso por Londres.