Desaparecen sin dejar rastro, y de manera voluntaria. La sociedad japonesa en general no admite el fracaso como opción de vida y, si se suman algunos comportamientos reprobables, todo puede ser un cóctel que lleve a una decisión extrema. No, no hablamos de quitarse la vida. Hablamos de ser 'johatsu'.
Para entender el concepto 'johatsu' hay que pensar en la palabra 'evaporados'. Es el nombre que reciben los miles de personas que, año tras año, desaparecen de su país sin dejar rastro. Nadie los secuestra, nadie les quita la vida, nadie les hace daño. Son ellos quienes, voluntariamente, dejan atrás su trabajo, sus obligaciones, sus familias, y hasta sus redes sociales. Y todo con ayuda. Sí, no desaparecen solos.
Todo se basa en la vergüenza. Si en occidente tenemos la culpa como motivo de negación, los orientales sufren mucho la falta de honor y el surgir de la vergüenza. Y los johatsu llevan a la realidad algo que muchos hemos pensado como escape o solución a problemas. Convertirse en johatsu es, literalmente, perder la identidad. Es volverse un fantasma para el Estado, es borrar el rastro de haber pasado por esta vida, para abrazar una vida totalmente nueva, lejos de la presión social (y propia) que lleva al individuo al máximo.
Según algunas estimaciones, más de 100.000 japoneses al año deciden borrarse del mapa. Los primeros casos aparecieron (desaparecieron, en realidad) luego de la Segunda Guerra Mundial, y actualmente uno de cada cinco casos tiene que ver con la violencia de género: como el Estado japonés no se compromete a luchar contra esos abusos, muchas mujeres deciden dejar a sus familias para vivir en la pobreza extrema, antes que seguir soportando golpes.
Es que esa es la vida que muchos de ellos deben soportar. El barrio de Kamagasaki, de Osaka, y el de San'ya, en provincia de Hainan, ya no aparecen en los mapas. Se han borrado sus nomenclaturas, y si uno intenta preguntar a los viejos vecinos, muchos dicen no saber nada. No es que no sepan: es que no quieren saber. Es mejor no afrontar la verdad.
Misión: encontrarlos
Según la Asociación de Apoyo a la Búsqueda de Personas Desaparecidas de Japón, los amigos, familiares y allegados a los johatsu no dan aviso a las autoridades de la desaparición de esa persona. Pero si cuentan con dinero suficiente, y con un interés real de recuperar el contacto con esa persona, solicitan los servicios de empresas o detectives privados.
Como las leyes japonesas son garantistas de la privacidad de sus ciudadanos (tanto así que obligan a mantener en secreto el paradero de alguien, incluso ante sus familiares), es preferible acudir a esas agencias. En la práctica, muchos maridos, padres o hermanos dejan todo como está. La mayoría no quieren volver a saber nada de aquel que prefirió salir de sus vidas.
Al silencio estatal se suma una estructura que protege a estos 'fantasmas'. La existencia de esos barrios les permite encontrar una manera de sobrevivir. En el caso de los conglomerados mencionados, los johatsu viven en pequeñas habitaciones de hotel, sin internet, y hasta sin baños privados. A pesar de lo complicado del asunto, sigue siendo una solución positiva a un problema muy difícil de afrontar. Muchos de los habitantes de Japón que deciden ser johatsu son vistos por los demás como 'débiles'.
