La escalada bélica en Medio Oriente ha llevado al petróleo Brent y WTI a rozar los 119 dólares por barril, niveles no vistos en años. Esta subida vertical no solo afecta a las petroleras; impacta directamente en el costo de vida. Un barril caro dispara los costos de transporte, logística y electricidad, alimentando una inflación que los bancos centrales aún no logran controlar.
Para los consumidores, esto significa una presión inmediata sobre los precios de productos básicos y servicios. Ante la incertidumbre, el capital huye hacia activos refugio como el oro, mientras la volatilidad amenaza la estabilidad económica de los próximos meses.