JUICIO HISTÓRICO

Filtraciones y "scroll infinito": Las pruebas que acorralan a Mark Zuckerberg por la salud mental de los menores

El juicio histórico contra Meta revela tácticas de diseño adictivo y correos internos que exponen cómo Instagram y Facebook priorizaron el crecimiento sobre el bienestar emocional de millones de adolescentes.

Por Ciudadano.News

Filtraciones y "scroll infinito": Las pruebas que acorralan a Mark Zuckerberg por la salud mental de los menores — WEB

Mark Zuckerberg ha vuelto al banquillo de los acusados en Los Ángeles para enfrentar un juicio sin precedentes que podría cambiar las reglas de juego en Silicon Valley. Un grupo de 1.600 padres de familia ha demandado a Meta y Google, alegando que sus plataformas fueron diseñadas meticulosamente para generar comportamientos adictivos en niños y adolescentes. "Entre las pruebas más comprometedoras presentadas se encuentran correos electrónicos internos de 2012 y 2014 que sugieren una estrategia deliberada para atraer a usuarios menores de edad, priorizando el tiempo de pantalla por sobre la salud mental de los jóvenes", explicó el periodista Fernando García en Sin Verso.

El diseño de la adicción bajo la lupa

Según García, la acusación se centra en funciones que hoy nos resultan cotidianas pero que, según expertos, operan bajo la misma lógica que los juegos de azar. "El scroll infinito, la reproducción automática de videos y los algoritmos hiperpersonalizados están hoy en el ojo de la tormenta", enumeró. Los demandantes argumentan que estas herramientas impiden que los jóvenes desconecten, derivando en cuadros graves de depresión, ansiedad e incluso ideación suicida. Además, se cuestiona el uso de filtros de belleza que distorsionan la imagen corporal, vinculándolos directamente con trastornos alimenticios y de autoestima.

Zuckerberg, por su parte, se defendió alegando que no existe rigor científico suficiente para probar estas conexiones y que la responsabilidad última recae en los padres por permitir el acceso. El CEO de Meta afirmó que los menores a menudo falsifican su edad para eludir las restricciones, deslindando a la empresa de gran parte de la culpa. Sin embargo, el impacto global es innegable: países como Australia ya prohíben las redes a menores de 16 años. Este juicio no solo busca resarcimientos económicos, sino establecer un precedente ético sobre la seguridad digital y la protección de las futuras generaciones frente a gigantes tecnológicos que parecen no tener límites.