El tren que desafía al tiempo: 8 días, 10.000 km y dos mundos en un solo viaje
A partir del 17 de junio, el mítico tren internacional Pyongyang-Moscú retomará su recorrido de más de 10.000 kilómetros. Una travesía única, entre historia, aislamiento y geopolítica.
Después de cuatro años de silencio ferroviario, una de las rutas más sorprendentes del planeta vuelve a ponerse en marcha: el tren que conecta Pyongyang, la hermética capital de Corea del Norte, con Moscú, capital de Rusia, reanudará su servicio regular este 17 de junio, según confirmaron este miércoles Ferrocarriles Rusos a través de su canal oficial en Telegram.
Se trata del servicio internacional de tren más largo del mundo, con un recorrido de más de 10.000 kilómetros a través de dos países marcados por la historia y la tensión global. El trayecto se extiende durante ocho días completos, atravesando el extenso territorio ruso desde el Lejano Oriente hasta el corazón de Moscú, y operará con una frecuencia de dos veces por mes.
El restablecimiento del tren se produce tras una larga suspensión iniciada en febrero de 2020, en plena pandemia de COVID-19, cuando Corea del Norte cerró todas sus fronteras como medida preventiva extrema. Desde entonces, el aislamiento del país asiático fue casi total.
Ahora, en un gesto que es tan logístico como simbólico, la línea ferroviaria Pyongyang-Moscú vuelve a rodar, reabriendo no solo una vía de transporte, sino también una puerta rara al exterior para los ciudadanos norcoreanos y un insólito puente terrestre entre dos naciones aliadas en lo político, pero distantes en lo cotidiano.
El recorrido no es para cualquiera. Ocho días de viaje, cientos de estaciones intermedias y más de 10.000 kilómetros de extensión separan a los pasajeros de su destino final. El tren atraviesa paisajes congelados, estepas interminables, ciudades soviéticas detenidas en el tiempo y cruza el mítico río Amur, cerca de la frontera china.
Además de la ruta hacia Moscú, Ferrocarriles Rusos confirmó que el servicio Pyongyang-Khabarovsk, otro trayecto de largo aliento que conecta con el extremo este ruso, volverá a operar desde el 19 de junio, ampliando la oferta ferroviaria entre ambas naciones.
Aunque el tren es técnicamente accesible para extranjeros, en la práctica, Corea del Norte impone fuertes restricciones al turismo y al movimiento internacional. La mayoría de los pasajeros en estas líneas suelen ser diplomáticos, trabajadores estatales o ciudadanos rusos y norcoreanos con permisos especiales.
Más allá de lo pintoresco, este tren representa una señal importante en la reconfiguración de alianzas internacionales. En un mundo dividido por conflictos geopolíticos, el regreso del tren Pyongyang-Moscú reafirma el acercamiento entre Rusia y Corea del Norte, países cada vez más coordinados en su retórica y sus intercambios estratégicos.