La nación del sol naciente aborda unas importantes elecciones legislativas, este próximo domingo 27 de octubre, en la Cámara de Representantes, donde el apoyo al nuevo primer ministro, Shigeru Ishiba, tendrá su primera gran prueba en las urnas.
Ishiba tomó la posta de Fumio Kishida, el pasado 1 de octubre, al frente del Gobierno nipón y como líder del Partido Liberal Democrático, el cual lleva casi 55 años en el poder de forma ininterrumpida.
"Somos víctimas de la economía del Partido del gobierno. Los salarios no suben y los jóvenes no tienen esperanza". Esta afirmación es parte del discurso electoral de Harumi Yoshida, candidata del Partido Democrático Constitucional, y una de las pocas mujeres que lucha por romper la tradición patriarcal de la política japonesa en los próximos comicios.
En este contexto, el encarecimiento progresivo de los productos de primera necesidad, las condiciones laborales para las personas que cuidan de los ancianos, en una sociedad que envejece a un ritmo sin precedentes, y la paridad o mayor cupo femenino de los miembros del parlamento, son algunas de las propuestas de Yoshida.
Más de 1.000 candidatos se presentan para los 465 escaños en juego.
Las encuestas muestran que la histórica fuerza en el poder, el Partido Liberal Democrático, adolece de un apoyo amplio y podría ceder su mayoría, lo que complicaría la gobernabilidad de Ishiba.
A su vez, un reciente escándalo de apropiación de fondos de algunos destacados miembros de la fuerza política gobernante complica aún más la desaprobación social hacia el oficialismo.
Los analistas sostienen que la pérdida de la mayoría complicaría la formulación de políticas internas y podría cercenar, prematuramente, el mandato del actual primer ministro y obligar a los liberales democráticos a negociar acuerdos con las fuerzas opositoras.
