El gobierno de Daniel Noboa escaló la crisis regional al declarar "persona non grata" al embajador de Cuba en Quito y ordenar la salida de todo el personal diplomático en un plazo de 48 horas. Esta medida, amparada en la Convención de Viena, no solo debilita el vínculo bilateral, sino que marca un punto de inflexión en la política exterior ecuatoriana, ahora alineada estrechamente con los intereses de seguridad de los Estados Unidos y la administración de Donald Trump.
Alianza con Washington y lucha contra el narcoterrorismo
La expulsión coincide con el reciente inicio de operaciones militares conjuntas entre las Fuerzas Armadas de Ecuador y el Comando Sur de EE. UU. El objetivo declarado es combatir a las organizaciones terroristas y al narcotráfico, en una fase ofensiva que incluye tecnología de drones y asesoría directa. Noboa, tras sufrir un revés en el referéndum sobre la instalación de bases militares extranjeras en el territorio nacional, busca consolidarse como el principal aliado estratégico de Washington en el Pacífico Oriental.
Esta postura refleja una tendencia regional donde mandatarios como Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro también han ajustado sus discursos ante las presiones de la Casa Blanca. Sin embargo, en Ecuador la salida de los diplomáticos cubanos se interpreta como un gesto que anticipa una mayor confrontación política. A pocos días del próximo encuentro entre Noboa y Trump en Miami, el país sudamericano se convierte en el epicentro de una escalada militarizada contra el crimen organizado, conviertiéndose en uno de los principales referentes de un nuevo paradigma de seguridad continental.