En una jugada de alto voltaje geopolítico, Donald Trump recibió a María Corina Machado en la Casa Blanca para alinear estrategias sobre el futuro de Venezuela. Aunque el almuerzo a puertas cerradas, del que también participaron Marco Rubio, J.D. Vance y Susie Wiles, sirvió para acortar distancias, el mensaje de la administración republicana fue tajante: Estados Unidos mantendrá el control absoluto de la hoja de ruta y la interlocución prioritaria seguirá siendo con Delcy Rodríguez.
El temor a un "nuevo Irak"
Durante la reunión, Trump fue pragmático al explicar por qué, tras la captura de Nicolás Maduro, eligió dialogar con su sucesora en lugar de forzar una ruptura total. "Recuerdo lo que sucedió en Irak, adonde fueron despedidos todos... y al final llegó ISIS", argumentó el mandatario, justificando su necesidad de evitar un vacío de poder institucional. Bajo esta lógica, la Casa Blanca busca una transición ordenada, negociando directamente con el régimen para que Venezuela no se convierta en una ciénaga ingobernable.
Pese a que Machado cuestionó el rol de Rodríguez y ratificó su intención de ser candidata presidencial, la reunión fue fructífera. Trump elogió la inteligencia de la líder opositora, pero le impuso una condición clave: Machado aceptó el pedido de no regresar a Caracas hasta que Washington lo considere seguro y oportuno. Así, aunque Edmundo González Urrutia quedó fuera de la cita, Machado logró ser incluida oficialmente en la estrategia de transición, entendiendo que los tiempos, por ahora, los marca el Salón Oval.