El auge de la terraza viral en la Rocinha ha instalado un debate que trasciende la simple curiosidad viajera. Lo que comenzó como una tendencia en TikTok e Instagram hoy se analiza como la consolidación del "turismo de set de filmación", donde el valor del destino no reside en la interacción social o histórica, sino en la capacidad técnica de producir un video de alta calidad para el ecosistema digital.
El impacto de la tecnología en la economía local
La logística de esta actividad, que tiene un costo de 200 reales (aproximadamente 60.000 pesos argentinos), revela una profesionalización de los servicios dentro de la favela. A diferencia de los tours tradicionales de hace tres décadas, centrados en el relato histórico o la visita a proyectos comunitarios, la oferta actual se apoya en el uso de drones de alta definición y una estética inspirada en el cine de culto brasileño. Este modelo garantiza ingresos directos a los residentes que gestionan la seguridad y la producción, pero también plantea interrogantes sobre la gentrificación digital.
Expertos en sociología urbana señalan que la recurrencia de elementos como la "silla de madera" y el efecto visual del zoom out operan como una marca registrada que simplifica la complejidad del entorno. En este esquema, el contraste entre la infraestructura del asentamiento y la costa de lujo de Río de Janeiro se convierte en un fondo escenográfico.
El debate actual se divide entre quienes ven una oportunidad de desmitificación y sustento económico para los barrios populares y aquellos que advierten sobre la espectacularización de la desigualdad. Mientras la demanda de los turistas no disminuye, el fenómeno de la Rocinha queda como el ejemplo más claro de cómo las redes sociales pueden reconfigurar el propósito de un atractivo turístico en 2026.