Oficialmente, fue un terremoto submarino que ocurrió a las 7:58 del domingo 26 de diciembre del 2004. El epicentro se ubicó en la costa Banda Aceh, en Indonesia. Pero lo que más asombra, a dos décadas del peor desastre natural de la historia, es la marca en la escala de Richter: 9.1. Un movimiento telúrico que terminó con la vida de más de 250.000 personas, ya que al temblor marítimo le siguió una serie de tsunamis devastadores y mortíferos.
No obstante, aunque la pérdida de vidas fue dolorosa, y el costo económico hizo tambalear la economía de los países afectados, cada fenómeno natural deja enseñanzas. Y el "Terremoto de Sumatra - Andamán", como lo conocen la comunidad científica, fue un cruel maestro que permitió diseñar estrategias para un futuro desastre.
Tan grande fue el efecto del desastre natural, que en el año 2012, a 8 años de ocurrido, se estrenó una película basada en dicho fenómeno. Protagonizada por Ewan McGregor, Naomi Watts y Tom Holland, Lo imposible (The Impossible), fue dirigida por J. A. Bayona, el mismo de La sociedad de la nieve y El orfanato.
Un grupo de ingenieros costeros, especializados en tsunamis elaboró una serie de datos que permiten, 20 años después, reconfigurar los sistemas globales de gestión de desastres. Dentro de la infinidad de datos que los programas utilizan para gestionar cada evento, los profesionales detallaron tres:
1. Evolucionaron los sistemas de alerta temprana.
En el año 2004 no se contaba con el sistema integral de alerta temprana con el que hoy trabajan los científicos. En aquel año murieron cerca de 35.000 personas en Sri Lanka, un país que no se había visto afectado sino hasta dos horas después del terremoto.
A partir de ese día se realizaron importantes inversiones, como un detallado sistema de alerta de tsunamis del océano Índico, que funciona en 27 estados miembros. Este sistema pudo emitir alertas en apenas 8 minutos en 2012, cuando otro terremoto golpeó la misma zona de Indonesia.
No obstante, estos sistemas no se utilizan en todo el mundo, y no pudieron detectar los tsunamis que devastaron las islas Tonga en el año 2022, luego de la erupción de un volcán submarino en el Pacífico Sur. De haber vigilado más a dicho volcán, se podría haber detectado los primeros signos de un tsunami.
2. Simulacros y educación
No bastan los sistemas de alerta temprana. Hacen falta campañas de concientización y educación, simulacros de evacuación y planes de respuesta para poder hacerles frente a los desastres naturales. Esta estrategia sí fue eficaz en el pueblo de Jike, en Japón, azotado por un tsunami en enero de 2024.
Los japoneses habían acumulado gran experiencia en 2011, con el tsunami que afectó la planta nuclear en Fukushima. Fue allí que los ingenieros construyeron rutas de evacuación nuevas, dirigidas hacia los refugios. Si bien el pueblo quedó destruido, los residentes fueron evacuados por una escalera empinada, y no hubo víctimas en Jike.
3. Ingeniería en defensas
Luego del catastrófico tsunami del 26 de diciembre, los países en riesgo invirtieron en defensas "duras" de ingeniería. Entre ellos citaremos diques marinos, diques contra inundaciones, y rompeolas en alta mar. Sin embargo, estas estructuras, por sí solas, no ofrecen una protección ilimitada.
Japón descartó la idea de que las defensas duras puedan proteger contra la pérdida de vidas, ya que los tsunamis de gran escala pueden superar cualquier tipo de defensa, incluso las más sólidas. En el año 2011, por poner un ejemplo, ni siquiera un rompeolas de escombros, seguido por un muro de 5 metros de altura, pudo proteger a la ciudad de Watari. El tsunami terminó matando a cientos de personas, al cubrir más de la mitad de la ciudad.
A partir del tsunami que destruyó la central nuclear en 2011, los ingenieros japoneses crearon dos tipos de medición de tsunamis: los de nivel 1 (más frecuentes y menos peligrosos), y los de nivel 2 (considerados como "grandes", y pueden ocurrir una vez cada mil años).
Son estos últimos para los que las infraestructuras críticas, como las centrales eléctricas, deberían prepararse. No existe nada que los pueda detener por completo, pero el objetivo es que las estructuras se desborden sin ser destruidas.


