La provoleta es uno de esos manjares que se ganan el protagonismo en cualquier asado, ya sea como entrada o acompañamiento. El queso provolone, con su capacidad para derretirse sin perder la forma, es el elegido por los asadores expertos para darle ese toque ahumado característico. Pero como todo en la parrilla, tiene sus trucos. Lograr que el queso no se derrita en exceso y caiga en las brasas puede parecer sencillo, pero requiere precisión y atención.
Antes de pensar en llevar la provoleta a la parrilla, es fundamental elegir un buen queso provolone, madurado y bien hilado garantiza que al ser sometido al calor no se desarme por completo. Un truco útil es dejar el queso reposando un tiempo antes de cocinarlo, permitiendo que los aceites naturales suban a la superficie. Este proceso ayuda a formar una costra dorada al momento de cocinar, aportando textura y sabor. Además, se recomienda cortar el queso en rodajas gruesas para evitar que se desparrame al calor intenso.
Usar una provoletera es la manera más segura de evitar que el queso termine en las brasas, este utensilio se coloca directamente sobre la parrilla para que tome temperatura durante unos cinco minutos. Una vez caliente, se añade un chorrito de aceite de oliva y se acomoda la rodaja de queso. Para darle un toque extra de sabor, se recomienda condimentar con orégano, pimienta, ají molido y tomillo. Después de unos ocho minutos, es momento de dar vuelta la provoleta para que dore del otro lado, logrando una textura crocante por fuera y cremosa por dentro.
Un plato exquisito, provoleta a la parrilla
Hacer la provoleta sin provoletera puede ser un desafío, pero también es posible obtener resultados increíbles. Lo fundamental aquí es asegurarse de que el fuego esté fuerte, para que la superficie del queso se dore rápidamente sin que el interior se derrita en exceso. Si el provolone es fresco y no tiene mucho hilado, un buen truco es pasarlo por harina antes de colocarlo en la parrilla. Esto ayudará a que el queso mantenga su forma y evite que se pegue a los hierros.
Provoleta a la parrilla, un plato ideal
En cualquiera de las dos opciones, el tiempo en la parrilla es clave y siete minutos suelen ser suficientes para dorar la superficie sin que el queso se funda completamente. Se recomienda condimentar al gusto con ají molido, pimienta y orégano, logrando una combinación de sabores que complementa a la perfección el ahumado de la parrilla.
Incorporar la provoleta en el asado es una manera de darle un toque gourmet y aprovechar al máximo la versatilidad del provolone. Este queso logra cautivar tanto a los amantes del asado tradicional como a quienes buscan innovar en la parrilla.