La industria vitivinícola argentina enfrenta una crisis estructural marcada por un drástico cambio de hábitos. Los jóvenes de entre 18 y 25 años, la generación que menos alcohol consume en la historia, están desplazando al tradicional Malbec de sus preferencias.
Según el productor Luis Coita Civit, los nuevos consumidores buscan bebidas menos "agresivas" al paladar, volcándose hacia cócteles, aperitivos y vinos blancos o rosados. Ante la caída del consumo interno, que pasó de 23 a 15 litros per cápita, las bodegas comienzan a innovar con tecnología para desalcoholizar el vino, buscando adaptarse a una tendencia global de bienestar y moderación.