El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ha traído aire fresco a la City porteña. Aunque los números finos muestran un leve reacomodamiento, la lectura de fondo es alentadora: la inflación de enero se ubicó en el 2,4%, un dato que el mercado interpreta como el paso necesario para consolidar la estabilidad de largo plazo.
Lejos de las alarmas del pasado, los especialistas ven en este número la prueba de que los precios están encontrando un nuevo equilibrio en un contexto de sinceramiento económico.
La inflación de enero y la de todo 2026: el horizonte de la estabilidad
El dato que más entusiasma a los inversores es la proyección anual. Se estima que la inflación de todo 2026 cerrará en un 22,4%, marcando un sendero de descenso sostenido que ya es política de Estado.
Lo relevante no es solo el número final, sino la tendencia: el mercado anticipa que el IPC logrará perforar el piso del 2% mensual para el segundo trimestre del año, situándose en un estable 1,9% hacia mayo.
"Estamos ante una consolidación del proceso de desinflación, donde el sistema absorbe los ajustes con una resiliencia sorprendente", explican los consultores más optimistas del relevamiento.
Para los expertos, "la inflación de enero y la de todo 2026 son la hoja de ruta de una normalización que el país no veía hace décadas", asegurando que el ancla fiscal sigue siendo la garantía de este proceso exitoso.
Dólar bajo control y un PBI que se enciende
En el mercado de cambios, la calma es la protagonista. El REM sitúa al dólar para finales de 2026 en los $1.750, lo que garantiza una previsibilidad absoluta para los planes de inversión.
Esta estabilidad cambiaria es la que permite que el bolsillo respire y que el consumo comience a dar señales de vigor.
Pero el dato que termina de cerrar el círculo virtuoso es la actividad económica. El REM proyecta que la economía crecerá un 3,2% en todo 2026.
"Se observa una aceleración trimestral del Producto que nos permite proyectar un año de expansión real", destaca el informe del BCRA.
De esta manera, con una inflación que baja y un PBI que sube, Argentina parece haber encontrado, finalmente, la fórmula del crecimiento con orden.