El mundo parece pendular entre seguir completando el mapa de la globalización, y fortificar la idea de un nacionalismo en cada país. Y es innegable que la nueva asunción de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha marcado un cambio de época: las potencias occidentales abogan más por una directiva personal, antes que plegarse a una tendencia uniforme en materia de gobiernos.
Federico Zirulnik es economista, y pertenece al Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz. Esta organización acaba de publicar un informe mensual, cuyo título es "Argentina ante el fin de la globalización". Entrevistado por Sin Verso (lunes a viernes de 9 a 12, por Ciudadano News 91.7), se apresuró a aclarar que "esta nueva situación no significa que la Argentina esté quedando a contramano del mundo luego de la asunción de Trump".
"Lo que realmente queremos decir es que se trata de un cambio de época, donde el globalismo predominante de las últimas décadas empieza a ceder frente al nacionalismo de ciertas potencias occidentales. Esto lo podemos ver con los aranceles que intenta imponer Trump: un presidente que va a contramano, que tiene un discurso totalmente liberal en términos de la política local, sino también en términos de comercio exterior. Eso sí puede ser un perjuicio para nuestra economía", detalló el entrevistado.
Allá por el año 2010, cinco países le dieron forma a lo que luego se conocería como los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Trece años después, en 2023, se anunciaba para el 1 de enero de 2024 la entrada de 6 nuevos países como miembros plenos, y entre ellos estaba la Argentina. Sin embargo, el presidente Javier Milei decidió que nuestro país no sería parte de esta asociación. Zirulnik es categórico en este sentido: "No haber sumado a la Argentina a los BRICS fue un error, ya que era una posibilidad de recibir un financiamiento externo que el país estaba necesitando. No tenemos la necesidad de alinearnos de uno u otro bando, entre globalización y nacionalismo. Pero sí, fue una oportunidad perdida".
Existe en la opinión pública una sensación de que nuestro país, llevado por la gestión libertaria, acusa un alineamiento con el discurso antiprogresista y antiglobalista de los Estados Unidos. Federico Zirulnik afirma que esta actitud tiene como consecuencia "recibir algunas migajas del FMI, o incluso que la economía norteamericana nos abra de nuevo algún pequeño rubro en el que podamos aumentar algunas exportaciones, como hace algunos años pasó durante el gobierno macrista".
"Creo que el escenario nuevo no va a ser muy distinto a lo que pasó. Es muy difícil que la Argentina pueda empezar a exportar bienes con algo de valor agregado a la economía norteamericana. Lo que sí puede ocurrir es que, así se pliegue a Estados Unidos, o a la industria europea, sufra la industria local", comenta.
¿Intereses para la Nación, o agenda personal?
Consultado acerca de este alineamiento extremo con las nuevas políticas estadounidenses, el economista afirma que "hay ocasiones en que los discursos o las ideas que proyecta Javier Milei pareciera que vienen de una fundación. Pero tratándose de un país, ese discurso es parte de una agenda netamente liberal, de apertura comercial plena. Yo no comparto ese punto de vista, pero cuesta entenderlo en el escenario global actual, donde el mundo está empezando a acercarse. Si se continúa por este camino, la economía local va a terminar fuertemente perjudicada".
Así y todo, existe la posibilidad de que la Argentina se encuentre en un cambio de matriz económica: de ser agroexportadores pasaríamos a ser un país que exporte energía. Y Zirulnik apoya esta postura: "No sé si se trata de un cambio de matriz, porque los principales bienes que se exportan son bienes primarios. Antes teníamos solo el agro, y ahora se agrega la energía. Pero hay algo indudable: hay un proceso que no tiene que ver exclusivamente con este presidente, ya que es algo que viene ocurriendo desde hace varios años", explica.
"Que seamos autosuficientes en términos energéticos, y que tengamos un nuevo escenario, además del agroexportador, que pueda generar divisas genuinas, es una buena noticia. Falta saber para qué se utilizarán esos recursos económicos en el futuro. Pero que exista una alternativa es algo mucho más que positivo", culmina Zirulnik.


