El Gobierno nacional convocó al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, con el objetivo de establecer un nuevo piso salarial y actualizar los montos mínimos y máximos de la prestación por desempleo. La reunión se da en un momento clave: la previa del Día Internacional del Trabajador, y en un contexto económico donde los ingresos reales siguen perdiendo terreno frente a la inflación.
El salario mínimo actual ronda los $296.832, muy por debajo del salario promedio en blanco, que según datos recientes se ubica en torno a los $1,3 millones brutos. Esta diferencia refleja una distancia significativa entre lo que establece la normativa y lo que efectivamente ocurre en el mercado laboral argentino.
Para el economista Federico González Rouco, de Empiria Consultores, el salario mínimo "funciona más como una señal para el resto de los salarios que como una variable en sí misma".
En declaraciones al programa Sin Verso, de Ciudadano.News, remarcó que su impacto real en la estructura salarial está limitado: "Hay muchos sectores que tienen el salario asociado al mínimo, pero en la práctica no es tan relevante. La mitad del mercado laboral no está en relación de dependencia, con lo cual no tiene sus ingresos atados a ningún indicador formal, como paritarias o el salario mínimo".
La discusión salarial, entonces, se da en un entorno en el que el mercado informal, los ingresos públicos, las jubilaciones y los programas sociales tienen cada vez más peso. Muchos argentinos ven cómo sus ingresos evolucionan, pero sin mejoras significativas en su capacidad de compra.
Uno de los aspectos más preocupantes del actual contexto económico es la persistente brecha entre ingresos y gastos. González Rouco explicó que, aunque algunos indicadores muestran mejoras salariales, estas no necesariamente se traducen en una mejor calidad de vida: "Lo que tratamos de hacer es un indicador doble que conteste qué pasa cuando los salarios crecen, pero los gastos crecen más. Ahí surge la paradoja de que los ingresos mejoran, pero no el ingreso disponible".
El ingreso disponible -es decir, el dinero que le queda a una familia después de pagar servicios esenciales como gas, luz, alquiler o transporte- ha venido recuperándose lentamente desde mediados del año pasado, pero sigue siendo insuficiente. Según estimaciones, hoy un hogar promedio cuenta con un ingreso disponible 6% inferior al que tenía en noviembre de 2023.
Otro dato relevante es el retroceso de los ingresos públicos frente a la inflación. González Rouco destacó que los haberes de quienes perciben ingresos del Estado —ya sea por jubilaciones, pensiones o planes sociales— aún están 15% por debajo en términos reales.