La economía argentina transita un desfiladero donde la expectativa y la realidad estadística libran una batalla diaria.
Tras un enero que, según el consenso de los analistas privados, se resistió a bajar del 2% debido a la presión de los precios regulados y la estacionalidad, el escenario para los meses venideros comienza a teñirse de un color más favorable.
Por eso el mercado observa con detenimiento si la inflación logrará romper la barrera psicológica que separa la estabilidad de la inercia remanente.
El optimismo de las consultoras ante el nuevo escenario
A pesar de que el IPC de enero se ubicó en un rango de entre el 2,2% y el 2,6%, los informes que circulan en la City porteña sugieren que el quiebre de tendencia es inminente.
De acuerdo con el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la inflación retomaría un sendero descendente a partir de febrero, con la mira puesta en un horizonte donde el "1 coma algo" sea la norma y no la excepción.
"Si bien para el inicio del año todavía esperamos niveles por encima del 2%, creemos que a partir de este trimestre se retorna al proceso de desinflación", señaló Iván Cachanosky, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso.
En la misma línea, desde Econviews y Analytica han detectado una desaceleración pronunciada en la última semana de enero, con variaciones de apenas el 0,2% en alimentos, lo que deja un arrastre estadístico bajo para el mes en curso.
¿Se quebrará el piso del 2% finalmente?
La gran incógnita que desvela al equipo económico es cuándo se registrará el primer índice que comience con 1.
Mientras el Presupuesto nacional apunta a una meta ambiciosa del 10,1% anual, el consenso de las 40 consultoras que participan del REM proyecta un 20,1% para todo 2026.
No obstante, las proyecciones mes a mes son alentadoras: se estima un 1,8% para febrero y un descenso gradual que podría tocar el 1,5% hacia mediados de año.
"La postergación de la nueva canasta le quita un factor de incertidumbre al índice, ya que permite comparar la baja contra una base conocida", explican fuentes del sector privado, sugiriendo que la velocidad de la caída ahora depende exclusivamente del ancla fiscal y la disciplina monetaria.

