En un nuevo cruce entre el Gobierno y el sector privado, el vocero presidencial Manuel Adorni lanzó una advertencia directa a los empresarios ante la posibilidad de remarcaciones de precios tras la salida del cepo cambiario. "Si aumentan los precios, no van a vender y deberán bajarlos", sentenció en declaraciones públicas que buscan frenar una nueva ola inflacionaria.
Adorni apuntó especialmente a los mayoristas y minoristas, a quienes acusó de tener una lógica "de país mal hecho". Según el portavoz, algunos actores económicos siguen operando con criterios que no responden a la dinámica actual del mercado y al nuevo rumbo que busca establecer la administración de Javier Milei.
La respuesta empresaria
La reacción del sector empresarial no tardó en llegar. Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina (CGERA), expresó en el programa Sin Verso, de Ciudadano.News, su preocupación por las contradicciones que, según señaló, surgen desde el propio Estado.
"Si tenés baja del salario, baja del consumo y aumentás los precios, evidentemente no vas a vender, salvo que sea un alimento, porque es esencial", sostuvo Fernández, alineándose parcialmente con la lógica planteada por Adorni. Sin embargo, fue enfático en marcar la asimetría entre el sector privado y el Estado. "No me aumentes la luz, el gas, los alimentos, que vulneran el bolsillo del consumidor y de los trabajadores que tenemos en las pymes, porque ya no les alcanza. Entonces me van a venir a presionar, como dice el presidente, que yo no puedo aumentar, pero a mí me aumenta todo", reclamó.
Costos, presión impositiva y competencia externa
Otro de los puntos críticos que expuso el titular de CGERA es la elevada carga impositiva que enfrentan los productores nacionales.
En ese sentido, Fernández advirtió que el llamado "costo argentino" no se reduce únicamente a tributos, sino también a la mano de obra, los alquileres y otras variables estructurales que afectan la producción local. Según detalló, un estudio muestra que el valor real de una prenda representa apenas el 22% del precio final al público. "No es culpa de la industria. Si yo dejo de fabricar porque al comerciante le conviene importar, y después el comercio vende al mismo precio o apenas más barato, no se beneficia nadie", aseguró.
Además, denunció que en los últimos años se promovió la apertura de importaciones con eliminación de controles, aranceles y otras barreras, sin que ello haya redundado en una mejora real del poder adquisitivo. "Decime qué bajó", cuestionó. Y agregó: "Golpear a la industria nacional, sobre todo a la pyme, como si fuera inflacionaria, no es el camino".
El debate entre inflación, salarios y competitividad vuelve a instalarse con fuerza en el escenario económico argentino. Mientras el Gobierno busca contener los precios a través de la disciplina fiscal y el orden monetario, los empresarios advierten que sin condiciones macroeconómicas previsibles y con baja demanda interna, no hay margen para sostener el empleo y la producción.

