Durante el mes de septiembre, el valor de la Canasta Básica Total (CBT) registró un aumento del 2,6%, lo que implicó que una familia tipo, compuesta por dos adultos y dos hijos, necesitara $964.619 para cubrir gastos esenciales como alimentos, vestimenta y transporte, evitando así caer por debajo de la línea de pobreza. Así lo informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), subrayando el constante incremento en el costo de vida en Argentina.
En paralelo, el Indec también destacó el aumento en la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que contempla solo los alimentos esenciales para la subsistencia. En este caso, el incremento mensual fue del 1,7%, lo que situó el umbral para no caer en la indigencia en $428.719 para la misma familia tipo. Esto implica que quienes no alcanzan este ingreso mínimo están por debajo de la línea de indigencia, es decir, no pueden acceder a una dieta adecuada para garantizar su subsistencia.
Incrementos acumulados y causas
En lo que va del año, la CBT acumuló una suba del 94,6%, mientras que la CBA aumentó un 78,1%. Esta disparidad entre ambas canastas responde, en gran medida, al fuerte impacto que han tenido los aumentos en tarifas de servicios públicos y transporte, sectores que experimentaron ajustes más marcados. Estos incrementos contrastan con los que se dieron en años anteriores, bajo la gestión de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, cuando se aplicaron congelamientos o ajustes menores en dichos rubros, buscando amortiguar los efectos inflacionarios sobre los hogares.
Panorama de pobreza e indigencia en el país
Los datos más recientes del Indec también arrojan cifras alarmantes respecto de la pobreza en el país. En el primer semestre de 2024, el índice de pobreza alcanzó el 52,9%, lo que representa un incremento significativo respecto al 41,7% registrado a fines del 2023. En comparación con el mismo período de 2023 (enero-junio), cuando el índice se situaba en 40,1%, se evidencia un deterioro progresivo en la capacidad de las familias argentinas para cubrir sus necesidades básicas.
El fenómeno de la indigencia, que afecta a aquellas personas cuyos ingresos no alcanzan ni siquiera para comprar alimentos básicos, también ha mostrado un preocupante ascenso. Al cierre del primer semestre de este año, el índice de indigencia se situó en el 18,1%, casi duplicando el 9,3% observado en los primeros seis meses de 2023 y muy por encima del 11,9% que se había registrado a fines del año pasado.
Consecuencias del deterioro social
El aumento en las tasas de pobreza e indigencia en Argentina tiene profundas implicancias sociales y económicas. Por un lado, el encarecimiento constante de bienes y servicios esenciales está reduciendo la capacidad adquisitiva de los hogares, empujando a más personas hacia la pobreza extrema. A su vez, el sector de los asalariados formales, incluso aquellos con empleos estables, se encuentra cada vez más vulnerable ante la inflación descontrolada, lo que alimenta la sensación de incertidumbre en un contexto económico que sigue sin mostrar signos de recuperación.
En este sentido, se hace cada vez más evidente que las políticas públicas orientadas a mitigar el impacto de la inflación en los sectores más vulnerables no están alcanzando los resultados esperados. Los aumentos salariales pactados en diferentes convenios colectivos de trabajo, si bien representan un alivio parcial, siguen quedando rezagados frente a la aceleración de los precios.
¿Qué está detrás de estos aumentos?
Diversos economistas señalan que, además de los factores inflacionarios, hay otros elementos estructurales que agravan la situación, como la devaluación del peso, la falta de inversiones en sectores productivos clave y el creciente déficit fiscal que obliga al gobierno a emitir moneda. Todo ello contribuye a una espiral inflacionaria difícil de controlar, que impacta directamente en el bolsillo de los ciudadanos.
La situación es aún más delicada para aquellos hogares que dependen de programas sociales o salarios mínimos, ya que estos ingresos no logran acompañar el ritmo de la inflación, exacerbando la brecha entre el costo de vida y los recursos disponibles para cubrirlo. De continuar esta tendencia, la crisis económica podría tener efectos duraderos sobre la estructura social del país, afectando de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables.
