La paradoja de la Argentina

El Nobel de Economía 2024 explica su teoría detrás del declive argentino

James A. Robinson consideró que 'los ñoquis' de la administración pública son un reflejo del clientelismo que permea el sistema político.

Ciudadano.News

Por Ciudadano.News

14 Octubre de 2024 - 20:56

James A. Robinson
James A. Robinson

14 Octubre de 2024 / Ciudadano News / Economía

La Real Academia Sueca de Ciencias ha otorgado este lunes el Premio Nobel de Economía 2024 a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson por sus investigaciones sobre cómo las instituciones influyen en la prosperidad o el fracaso de las naciones. Este reconocimiento destaca el trabajo de estos economistas en el estudio del rol de las instituciones en países en desarrollo o subdesarrollados, como la Argentina, para explicar sus problemas estructurales.

El 'Leviatán de papel': la teoría de Robinson sobre Argentina

El británico James A. Robinson, especialista en América Latina, ha visitado Argentina en varias ocasiones y ha investigado a fondo su realidad política y económica. En su análisis, Robinson emplea el concepto de 'Leviatán de papel' para describir a países que tienen la apariencia de un Estado moderno, con instituciones, burocracia y programas sociales, pero que fallan en proveer bienes y servicios públicos de manera efectiva.

En su libro El pasillo estrecho, coescrito junto a Acemoglu, el economista argumenta que, aunque la Argentina posee las estructuras formales de un Estado, su capacidad de gestión es limitada y está fuertemente afectada por el clientelismo y el patrimonialismo. Robinson explicó que Argentina, a diferencia de otros modelos de "Leviatán" que describen Estados despóticos o ausentes, se encuentra en una categoría propia: "Un Estado débil conjugado con una sociedad débil". Este modelo se caracteriza por la prevalencia del clientelismo, donde el Estado se utiliza para repartir favores y obtener apoyo político en lugar de enfocarse en la provisión de bienes públicos.

El fenómeno de los 'ñoquis'

Uno de los conceptos clave en el análisis de Robinson sobre Argentina es el de los "ñoquis", término con el que en Argentina se conoce a los empleados estatales que no cumplen con sus funciones, pero siguen recibiendo un salario. Robinson consideró que este fenómeno, presente en la administración pública, es un reflejo del clientelismo que permea el sistema político argentino.

El economista destacó que este tipo de prácticas son comunes en todo el mundo, pero que en la Argentina tienen un peso significativo, afectando la eficiencia del Estado y distorsionando la economía. "Esta lógica de clientelismo no sólo impide que el Estado cumpla con su función principal de proveer bienes y servicios públicos, sino que genera inestabilidad económica y promueve la ineficiencia política", afirmó Robinson.

Un entorno institucional que perpetúa la desigualdad

Esto crea un entorno institucional que, en lugar de incentivar el desarrollo, perpetúa las desigualdades y frena el progreso. Robinson señaló que, aunque gobiernos como el de Mauricio Macri llegaron al poder con la promesa de cambiar esta lógica, en la práctica repitieron patrones similares, como la designación por decreto de jueces a la Corte Suprema.

La paradoja de Argentina: una nación con potencial, pero atrapada

Pese al diagnóstico crítico, Robinson afirmó que la Argentina no está condenada al fracaso. Comparada con otros países como Somalia, Yemen o República Centroafricana, Argentina está en una mejor posición para avanzar, aunque la clave para lograrlo radica en una reforma institucional profunda.

Según Robinson, el país necesita fortalecer sus instituciones y generar un sistema de incentivos que promueva la productividad y la competitividad, elementos que, según su análisis, son los principales obstáculos para el crecimiento económico en la Argentina.

En cuanto a la cultura del trabajo, Robinson resaltó que, en su experiencia, los argentinos trabajan tan duro como cualquier otro pueblo del mundo. Sin embargo, el problema radica en que el entorno institucional y el marco de incentivos en Argentina no están diseñados para fomentar el desarrollo económico. Esto crea una paradoja en la que el esfuerzo de los ciudadanos no se traduce en progreso debido a las debilidades estructurales del país.

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