El paro general convocado por la CGT este 19 de febrero no solo vació las calles, sino que dinamitó la actividad económica nacional con una pérdida total estimada en $696.268 millones. Según un informe del Instituto de Economía de la UADE, INECO, la medida de fuerza representó una caída del 0,8% del PBI mensual, lo que equivale a casi el 18% de lo que el país produce en una jornada normal. El freno total del transporte fue el gran catalizador del derrumbe; de haber funcionado, el impacto negativo se habría reducido en más de 300 millones de dólares.
El impacto en la matriz productiva y el costo social
Los sectores más golpeados por el cese de actividades se dividieron entre la industria y los servicios esenciales. Las industrias manufactureras lideraron las pérdidas en el sector de bienes con $139.105 millones, seguidas de cerca por la construcción. En el rubro servicios, el panorama fue aún más crítico: la salud y la enseñanza sufrieron un impacto de $110.759 millones, afectando la operatividad de clínicas y centros asistenciales en todo el país. El comercio, por su parte, dejó de facturar más de $50.000 millones en una sola jornada de persianas bajas.
Más allá del ámbito privado, el golpe a las arcas públicas fue directo. El Estado nacional dejó de recaudar $16.063 millones en concepto de impuestos, una cifra que permite dimensionar el costo social de la huelga. Estos fondos perdidos en apenas 24 horas habrían alcanzado para financiar el pago de 124.426 Asignaciones Universales por Hijo (AUH) o cubrir íntegramente más de 37.000 jubilaciones mínimas. Mientras la parálisis se siente en los números rojos, el contraste con el bolsillo diario es brutal: lo perdido equivale al presupuesto necesario para sostener a 7,4 millones de familias argentinas.