El objetivo del estudio realizado era entender cuánto representa el impacto del sistema cooperativo, algo que se presume pero no siempre se conoce con exactitud. El estudio buscaba ver si el sistema cooperativo integrado se desempeñaba de manera diferente a la industria no integrada (productor primario, elaborador o fraccionador).
Quedó en evidencia que la vitivinicultura, como industria, es el principal sector de la economía de Mendoza, representando cerca del 30% del total de la industria. Además, se pudo cuantificar que el sistema cooperativo tiene un peso significativo en el Producto Bruto Geográfico (PGB), en el orden del 3,4%.
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Previsibilidad y solvencia como ventaja competitiva
El sistema cooperativo ofrece beneficios cruciales a sus miembros:
• Destinos Certeros: Asegura que tanto la producción primaria como la elaboración tengan destinos "certeros, ciertos", permitiendo que los productores sepan dónde colocarán sus productos y puedan planificar.
• Solvencia Financiera: Esta previsibilidad permite a los cooperativistas tener una solvencia financiera que no tienen los productores o elaboradores no integrados.
• Retorno de Excedentes: Cualquier excedente de explotación que se genere es endógeno a las cooperativas (es decir, a los productores primarios). Esto regresa a través de servicios e inversiones que son vitales para sostener a los pequeños viticultores o elaboradores a lo largo del tiempo.
Cuando se analiza la evolución del sector, se observa que en la producción primaria, el sistema cooperativo ha logrado mantenerse, a pesar de que la agricultura y la industria en general van retrayéndose. Hace 20 años, el sistema cooperativo representaba el 20% de la producción primaria, y hoy se encuentra en el orden del 26% al 27%. Una tendencia similar se observa en la elaboración y fraccionamiento.
El riesgo de la pérdida de información crucial por el INV
Daniel Rada considera que la posibilidad de que el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) declare que el certificado de uva no será obligatorio es algo preocupante. Esta preocupación aplica no solo al sistema cooperativo, sino a toda la industria.
Dejar de tener la obligatoriedad del certificado implica perder gran parte de la información disponible para realizar análisis. No tener la noción de cuánto o qué se está cosechando, o dónde, se convierte en un problema en sí mismo. Además, se perdería otra información fundamental sobre la elaboración, el stock, qué tipo de vinos se están elaborando, la cantidad de mosto y el volumen destinado al mercado interno.
Rada dirige el Observatorio Vitivinícola Argentino, que depende de COVIAR. Allí, la información es procesada constantemente y devuelta al sector con análisis para ayudarles a entender hacia dónde se dirige la vitivinicultura.
Cargas impositivas y laborales: el peso de los costos fijos
Respecto a las cargas económicas del sector, los principales componentes impositivos del sector cooperativo provienen fundamentalmente del impuesto al débito y crédito, un tributo que es desconocido en otros países.
En cuanto a las cargas laborales, un análisis previo (2017-2018) y las conclusiones actuales indican que lo que más impacta son los porcentajes de carga al trabajador y, sobre la empresa, las contribuciones patronales. Estas contribuciones son las que generan un costo fijo enorme, especialmente durante la etapa de elaboración y fraccionamiento.

