El analista Claudio Zuchovicki trazó un mapa detallado sobre las reglas de juego que definirán el año 2026. En declaraciones a una radio de Tucumán apuntó que el diagnóstico principal señala que, una vez estabilizada la macroeconomía, la discusión se traslada inevitablemente a la microeconomía, donde "ya no alcanza" con el desorden inflacionario para sostener negocios poco eficientes. En este nuevo escenario, las empresas y trabajadores deberán ganarse el margen a través de la productividad, ya que la inflación dejará de cubrir los costos o valorizar mercaderías no vendidas.
Competencia, impuestos y desigualdades
A pesar de la normalización y la quita de trabas burocráticas, Zuchovicki advierte que el punto de partida es desigual. La competencia actual es calificada como "sucia" debido a los arbitrajes impositivos: quienes operan en la formalidad enfrentan una carga tributaria y riesgos laborales "fenomenales", mientras que la economía informal —que ya representa el 50% del sistema— corre con ventaja. Asimismo, señaló que algunas aperturas de mercado han sido más veloces que la capacidad de adaptación de ciertos sectores.
El impacto en el bolsillo y la región Respecto al consumo, el análisis distingue una clara brecha geográfica. Mientras que en el AMBA el "salario disponible" se desplomó tras el ajuste de tarifas y quita de subsidios, en el interior del país el clima es más optimista debido a que esos beneficios nunca existieron de la misma forma. No obstante, el contexto regional favorece a la Argentina, con una América Latina que vende lo que el mundo demanda y una tendencia de tasas a la baja, sumado a una posición cambiaria que empieza a ser menos desventajosa tras los ajustes del 2025.
La tecnología como el cambio más "inquietante"
Más allá de lo fiscal o cambiario, el especialista destaca que el shock tecnológico es el factor estructural más desafiante. Este proceso está acortando las cadenas comerciales (mayoristas vendiendo directo por plataformas) y reemplazando fuentes de trabajo tradicionales, lo que obligará a una reconversión masiva de empleos y negocios.
En síntesis, el 2026 se perfila como un año de calma financiera pero de alta exigencia real. La "palabrita" clave será la confianza para que el ahorro vuelva al sistema y la economía crezca de forma heterogénea, donde solo prosperarán aquellos que logren manejar sus costos y ser excelentes en su oficio

