La industria automotriz argentina atraviesa una "tormenta perfecta". Según datos oficiales de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), la producción nacional se desplomó un 30,1% interanual en febrero, reflejando una crisis de competitividad estructural. Mientras las plantas locales enfrentan una presión impositiva asfixiante en niveles nacionales, provinciales y municipales, el mercado experimenta una "invasión" de vehículos chinos que ingresan con beneficios arancelarios.
El sector demanda al Gobierno una agenda de competitividad urgente. La salida de modelos emblemáticos y la transición hacia el ensamblado de unidades extranjeras ponen en jaque miles de puestos de trabajo en toda la cadena de valor.