La economía de los hogares argentinos entró en zona roja. Según datos recientes, uno de cada cuatro usuarios de billeteras virtuales ya no puede afrontar sus compromisos financieros. El dato más alarmante es el destino del dinero: el crédito ya no se solicita para bienes durables, sino para cubrir el consumo diario y alimentos básicos.
La morosidad en tarjetas de crédito saltó del 1,7% al 8,9% en solo un año. Con tasas de interés que promedian el 113% anual, financiar compras simples puede terminar costando más del doble del valor original. Este círculo vicioso de endeudamiento y falta de pago asfixia el presupuesto familiar en un contexto de alta inflación.