La nota arranca con el recuerdo emotivo para el tipo que lo dirigió tres años en sus tiempos de jugador y que para Alaniz es un referente.
“Aprendí de muchos entrenadores, todo lo bueno y malo del fútbol. Pero hubo uno que me marcó por todo lo bueno que me transmitió en los tres años que trabajé con él: El Negro Jota Jota López. Me mandó un mensaje el día del ascenso y fue muy especial para mí, porque es un tipo formidable, excelente persona y profesional que lamentablemente tuvo que vivir cosas injustas, que no fueron generadas por él. Ese es el dolor que yo tengo por todo lo que le pasó en su vida como técnico. Se comió cada garrón, porque si vos ves las estadísticas. cuando le tocó descender hizo grandes campañas.
–Hablás de Jota Jota, un tipo que fue una gloria del fútbol argentino, pero quedó marcado por el descenso con River. Salvando las distancias a vos te tocó el garrón de perder el ascenso con el Lobo el año pasado, pero tuviste revancha.
–Si, sí. Fue una revancha personal. No sólo mía sino de varios chicos que estaban en el plantel anterior. Era una espina clavada que teníamos que sacarnos; porque si debía lograrse un ascenso era el del torneo pasado, pero el fútbol tiene esas cosas.
–¿Y con esto se liberó aquella angustia?
–Sí, se cambió la angustia. Desde el momento que Gimnasia descendió se hizo un esfuerzo grande para volver a la categoría. Quizás se tardó más de lo pensado, pero nunca se dejó de intentarlo y formar buenos equipos. Se cumplió la misión y ahora hay que hacer bien las cosas para no repetir los errores del pasado.
–¿Nunca jugaste en Gimnasia, cómo te hiciste del Lobo?
– Nunca jugué acá y vine a probarme a los 11 o 12 pero no quedé. Ni la toqué ese día (risas), pero siempre venía a la cancha porque era hincha del Lobo. Jugaba en Murialdo en la cuarta y me venía a ver el segundo tiempo de la Primera.
“Enfrentarlo era especial, un montón de sensaciones encontradas, un condimento especial”.
–¿Quiénes eran tus ídolos?
–El Búfalo Funes, Carlitos Rojas con quien tuve la posibilidad de jugar en Murialdo en el 93, Cochina Olguín, el sanjuanino Rodríguez, el Bicho Avendaño, el Negro Zolorza, uff. No me identificaba con un solo jugador o no tenía afecto por uno solo, era una etapa que Gimnasia tenía muy buenos jugadores y era un enamorado de su juego. No me puedo olvidar de otros como el Colchón Herrera, Quintana, Cuta Morán o de Florencio Montivero y Badía que en paz descansen. Me resultaba muy grato ir a verlos a un campo de juego.
–Pero tu viejo era del Globo, ¿no?
–Sí, pasa que mi viejo (Oscar Vicente) jugó en gimnasia hasta los 18 y después dejó. Conoció al Víctor (Legrotaglie) y de hecho me puso Darío por Felman, otro ídolo del club. Él me contó esa historia de pibe y me quedó grabado.
–Cómo jugador dejaste tu marca.
–No tuve muchos logros, pero sí hechos que me quedaron grabados en la retina. En Murialdo fuimos todos chicos del club que ascendimos después de 22 años de estar en la B, cuando la Liga Mendocina era muy linda y a cancha llena permanente.
“Tuve la posibilidad de estar en Godoy Cruz en los dos primeros años en el Nacional B y jugar semifinales con un gran equipo. Después el ascenso con Instituto y al año siguiente quedar en la historia con Talleres de Córdoba por ser el primer equipo del Interior en llegar a una Libertadores. No me puedo quejar.
–En un equipo que peleó el título contra con Boca y River.
–Sí. El año que Boca le gana la final al Real Madrid. Compartimos plantel con el Loco Lillo y Luis Rueda, los otros mendocinos.
– ¿Cuando te decían?Serrucho?
–Me lo puso el Pollo Vignolo, él me había visto en un partido entre Deportivo Italiano y Chacarita y ese día solté un poco la patita a un rival. De ahí me quedó el?Serrucho.
–¿Y cuándo germinaba la idea del entrenador?
–Cuando volví en 2002- 2003 a Mendoza para jugar en el Nacional B con San Martín (nos dirigía Dalcio Giovagnoli) ya rondaba la idea de ser entrenador. Sentía que tenía la posibilidad o la capacidad de seguir vinculado al fútbol desde ahí y empecé a hacer el curso. De hecho, en San Martín me tocó jugar y dirigir, esa fue mi primera experiencia.
–¿Y ahora tenés ganas de afrontar este nuevo desafío?
–Tengo ganas, pero debe decidirlo la comisión. Soy empleado del club, y después tomarán su decisión.
–¿Sino se da seguirías vinculado al club o es la hora de dar el salto de calidad?
–No lo sé, pero tengo ganas de dirigir. Y ellos lo saben. Sería una linda experiencia. El domingo nos pegamos un abrazo pero no hablamos del futuro. La misión era el ascenso.
–Da la sensación que esta vez Gimnasia llega mejor posicionado a la nueva categoría.
–Es verdad, veo a Gimnasia mejor posicionado a nivel estructura y de plantel. En buena hora de poder aprovecharla de la mejor manera, cosa de que no tengamos que pasar vicisitudes como la última vez.
–¿Desde tu opinión necesita retoques el plantel?
–No, y la experiencia dice que los planteles armados del Federal se adaptan y andan mucho mejor en el Nacional B.
–Las dos hinchadas ya palpitan la vuelta del clásico mendocino.
–Me toque o no, es un placer que el derby mendocino se vuelva a disputar en una categoría tan importante.
–¿En quién pensaste cuando terminó el partido el domingo?
–En mi familia que son los que siempre están. Los puntales en la carrera deportiva. Mi mujer Roxana, mis hijas Ariadna y Malena, mi viejo Oscar y mi vieja Gladys Beatriz. Fue una de las emociones más grandes de mi vida.