Un 21 de julio como hoy, pero de 1950, nacía en San Miguel del Monte un chico que no imaginaba que, años más tarde, su apellido se volvería sinónimo de atajadas imposibles, reflejos felinos y una forma distinta de pararse bajo los tres palos. Ubaldo Matildo Fillol, el Pato, como lo bautizó el fútbol argentino, cumple 75 años y su figura sigue tan vigente como sus mejores voladas en el Monumental.
Desde aquellos partidos en los potreros bonaerenses hasta la consagración en el Mundial 78, Fillol marcó una era. Fue más que un arquero: fue un pionero. Con su estilo moderno, físico y decidido, rompió el molde del arquero estático de los 70. Achicaba con convicción, volaba de palo a palo, cortaba centros con autoridad. Y todo lo hacía con una seriedad implacable y un respeto absoluto por la camiseta.
Del potrero al mundo: el camino del número uno
Su carrera profesional arrancó en Quilmes en 1969, con apenas 19 años, y enseguida quedó claro que era distinto. Siguió en Racing, donde empezó a construir su leyenda, y en 1973 llegó a River, el club con el que escribió sus páginas más gloriosas. Durante más de una década fue el sostén de un equipo que volvió a gritar campeón tras 18 años de sequía. Ganó siete títulos locales y dejó una huella imborrable.
Pero su consagración definitiva llegó en el Mundial de 1978. En una Argentina dividida y en plena dictadura, el fútbol fue una válvula de escape. Fillol fue una muralla: tapadas clave ante Polonia, Brasil y Holanda, liderazgo desde el fondo y la frialdad necesaria para sostener el arco en el momento más caliente. Fue elegido el mejor arquero del torneo y abrazó la copa como símbolo de una generación que hizo historia.
Una carrera que cruzó fronteras
Después del éxito mundialista, el Pato siguió demostrando su vigencia. Atajó en Flamengo, compartiendo vestuario con Zico y brillando en el Maracaná, y luego pasó por el Atlético Madrid. Volvió a la Argentina para cerrar su carrera en Argentinos Juniors y Vélez, donde colgó los guantes en 1990, con 40 años y el respeto intacto de todos.
El maestro detrás del guante
Ya fuera de las canchas, Fillol se convirtió en formador. Fue entrenador de arqueros de la Selección Argentina y de River, siempre insistiendo en la necesidad de profesionalizar el puesto. Compartió su experiencia sin estridencias, con la misma humildad que lo acompañó durante toda su carrera. También escribió libros, dio charlas y fue homenajeado, aunque nunca se dejó seducir por los flashes.
Un mito que sigue atajando en la memoria
Hoy, con 75 años, Fillol no solo es parte de la historia del fútbol argentino: es uno de sus pilares. El primer gran arquero moderno. El que cambió la forma de mirar el puesto. El que sigue siendo espejo para miles de chicos que se tiran al piso soñando con volar como él.
El tiempo pasa, pero su legado permanece. Porque cada vez que un hincha habla de los más grandes, su nombre aparece sin discusión. Porque en cada cumpleaños suyo, vuelve a sonar en el aire aquel grito de aliento: "¡Pato, Pato, Pato!".
