Después de más de dos décadas de carrera, Carlos Delfino, integrante de la Generación Dorada del básquet argentino, confirmó su retiro definitivo. A los 43 años, el santafesino decidió poner punto final a una trayectoria marcada por títulos, lesiones, regresos y una profunda pasión por el juego.
"Llegó el momento que pensé que no iba a llegar, cuando ya no tenía ganas de ir a entrenar. Pude elegir yo cuándo dejarlo", expresó el ex jugador en una entrevista con Doble Doble, donde oficializó su despedida sin grandes homenajes ni conferencias de prensa, fiel a su bajo perfil.
🇦🇷 El último sobreviviente de la Generación Dorada
Con su retiro, Delfino se convierte en el último campeón olímpico de Atenas 2004 en dejar la actividad profesional. Aquella histórica camada —liderada por Manu Ginóbili, Luis Scola, Andrés Nocioni y Fabricio Oberto— llevó al básquet argentino a lo más alto del mundo y marcó un antes y un después en la historia del deporte nacional.
Delfino, además, fue parte del bronce olímpico en Beijing 2008, del título en la Americup 2011 y 2022, y del Campeonato Sudamericano 2004, consolidándose como uno de los jugadores más completos y longevos de su generación.
🏆 Una carrera que cruzó continentes y superó lesiones
Su debut profesional fue en 1998 con Libertad de Sunchales, pero su talento lo llevó rápidamente al exterior. En 2003 fue elegido en la primera ronda del Draft de la NBA, convirtiéndose en el primer argentino en lograrlo. Jugó más de 500 partidos en la liga estadounidense, vistiendo las camisetas de Detroit Pistons, Toronto Raptors, Milwaukee Bucks y Houston Rockets.
Las lesiones marcaron su carrera —especialmente una fractura de pie que lo alejó de las canchas durante cuatro años—, pero su tenacidad le permitió regresar y cerrar su camino en Europa, donde disputó dos temporadas en Benedetto Cento, de la segunda división italiana.
🔚 Un legado imborrable para el básquet argentino
Carlos Delfino se retira con una carrera ejemplar, admirado tanto por su talento como por su mentalidad competitiva. Su historia es la de un jugador que nunca se rindió y que llevó con orgullo la bandera argentina a las canchas del mundo.
Ya con el título de entrenador en mano, el santafesino dejó abierta la puerta para seguir vinculado al deporte que marcó su vida. "Sufrí muchas lesiones, pero pude cerrar esta etapa eligiendo yo cuándo hacerlo", concluyó.

