La llegada de Franco Colapinto a la Fórmula 1, donde fue convocado por el equipo Williams para reemplazar al norteamericano Logan Sargeant en las últimas nueve pruebas del calendario, generó un enorme interés, y el piloto que solo era conocido por los seguidores del automovilismo se transformó en una superfigura que, además, muestra un carismo, frescura y desparpajo -además del obvio talento conductivo- que hizo que se transforme en un niño mimado de la categoría.
Inmediatamente, nuestro país se volvió como siempre super exitista, más allá de que la realidad marca que Franco no tiene butaca en la categoría para el año que viene, y el Gobierno reaccionó buscando conseguir una fecha para traer nuevamente una carrera a la Argentina.
Para ello comenzaron las conversaciones de Scioli con Brasil, donde se corre anualmente en el circuito paulista de Interlagos el 1 de noviembre, y con autoridades de la categoría. Aclaran que el plan, de todos modos, sería con la intención de que el primer gran premio del regreso se concrete en 2027, y que toda la inversión correría por cuenta de privados.
La cuestión suena poco realista por varios factores: el primero es el tiempo. Por ejemplo, para la realización del Gran Premio de Madrid, que tendrá su primer episodio en 2026, se comenzó a trabajar en 2021, es decir, siendo una capital europea, de un país que siempre tuvo la categoría y hasta dos grandes premios anuales -Barcelona y Valencia compartieron calendario no hace mucho- les lleva cinco años de trabajo, y aquí se pretenden hacerlo en tres.
La segunda es de infraestructura, el autódromo de Buenos Aires está muy lejos de las normas FIA para albergar a la categoría, necesita inversiones multimillonarias en un país impredecible. La alternativa sería Termas de Río Hondo, habilitado para categorías internacionales como el MotoGp, pero no para Fórmula 1, pero de todos modos el más simple de readecuar.
Y la tercera es de fondos: la inversión para países remotos normalmente es el doble que para países centrales, y hay muchos en lista de espera dispuestos a poner dineros que acá son impensables.
En una entrevista, Scioli destacó: "Tenemos una reunión programada en San Pablo por el tema de la Fórmula 1. La Argentina está preparada para traerlo, con inversiones privadas. Le vamos a plantear por qué tienen que venir al país. Además de la importancia de Franco Colapinto", y añadió: "no dependerá de la continuidad de Colapinto en la Fórmula 1. Va más allá de Colapinto la Fórmula 1. El autódromo de la Ciudad de Buenos Aires se está modernizando. Los privados quieren cubrir todos los gastos para que este evento venga al país. Además de una fuerte inversión del Gobierno de la Ciudad".
Más allá de las aclaraciones de Scioli, el tema no parece muy realista en los plazos que se manejan. Son menos de tres años para una tarea muy compleja, y además teniendo en cuenta los plazos que maneja la categoría en estos temas, con planificaciones de mucho más largo plazo.
Por el lado institucional del automovilismo, la entidad reconocida por la FIA, entidad madre de la actividad a nivel mundial es la CDA (Comisión Deportiva Automovilística) del ACA, Automóvil Club Argentino, pero en nuestro deporte motor también hay internas, y en realidad las categorías en su mayoría las regentea la ACTC, perteneciente al Turismo de Carretera, que relegó a la CDA a un papel decorativo.
El titular de la CDA, el ex piloto Eugenio Breard, señaló al programa Carburando: "La verdad es que sí, estamos trabajando para el 2027. En la reunión que tuvimos con Daniel (Scioli) definimos que si el país sigue yendo por este camino, la Ciudad de Buenos Aires avanza como lo está haciendo y se pueden llevar a cabo las obras en el autódromo, más la frutilla del postre que sería tener en la grilla a un piloto argentino, ahí recién se darían todas las condiciones para volver a tener un Gran Premio de Fórmula 1″.
La última vez que se corrió en Argentina fue en la década del '90, que duró solo 4 ediciones ('95 al '98) en el autódromo de Buenos Aires, para esas ediciones configurado como un circuito sin el más mínimo encanto que deparó carreras sin emociones. Dejaron afuera del trazado las zonas más atractivas, como el curvón Salotto, la bajada del tobogán o la chicana de Ascari, y crearon una sucesión de curvas lentas donde no se apreciaba nada de lo interesante que tiene la categoría. Nada se ha dicho de que tipo de circuito se pretende configurar entre las múltiples posibilidades del Oscar y Juan Gálvez.

