ElReal Madrid emitió este miércoles un comunicado oficial en el que expresó su "total oposición" a que el partido Villarreal-Barcelona de La Liga de España se dispute en Miami, EEUU. Desde la directiva merengue alegan que la medida otorgaría una ventaja deportiva al conjunto azulgrana, que evitaría jugar en el Estadio de La Cerámica, un escenario que consideran más hostil para los culés que el Hard Rock Stadium en Florida.
Según el club presidido por Florentino Pérez, el cambio de sede "vulnera el principio esencial de reciprocidad territorial" y altera el equilibrio de la competición, ya que no se respetaría el formato tradicional de jugar la ida y la vuelta en los estadios de cada equipo.
Florentino Pérez, durante la presentación del acto de colaboración con los Miami Dolphins en el Santiago Bernabéu
Una paradoja con sabor a NFL
Pese a su rechazo al duelo en Miami, el Real Madrid no muestra el mismo criterio con otros deportes. De hecho, celebró con entusiasmo que el Santiago Bernabéu albergue el 16 de noviembre el partido de NFL entre los Miami Dolphins y los Washington Commanders.
"Para nosotros es un gran honor que una competición del prestigio y la grandeza de la NFL haya elegido al Bernabéu para convertirse en su propia casa", declaró Florentino Pérez en la presentación del evento. El dirigente remarcó el orgullo de que Madrid y el estadio puedan mostrar al mundo su capacidad para recibir espectáculos deportivos de talla internacional.
Antecedentes y doble vara
La postura del club blanco también despierta suspicacia. En la temporada pasada, cuando se especuló con que el Barcelona-Atlético de Madrid se jugara en Miami, no hubo queja alguna desde Chamartín, a pesar de que ello implicaría que los culés no afrontaran la localía ante uno de sus rivales más fuertes.
En cambio, sí hubo protesta en la campaña 2018/19 cuando se planteó que el Girona-Barça se trasladara a Miami, argumentando que se eliminaba el desplazamiento de los azulgranas a Montilivi.
Con este nuevo episodio, el pulso entre Real Madrid y Barcelona se traslada fuera del césped, con la globalización del fútbol como telón de fondo y con el eterno debate sobre si llevar partidos de La Liga a Estados Unidos favorece la expansión del torneo o distorsiona la competición.