Con huevos, corazón y entrega. Jugando como debe jugarse no solo en la cancha sino en la vida. ¿Amás a esa chica o a ese chico? Y decíselo, andá al frente.
¿Te joden las injusticias, la vulnerabilidad de un derecho? Y bueno, espalda contra espalda, con otros y con otras y a dar lucha.
¿Querés ser finalista de una copa? ¿Volver a jugar otra final internacional? Y bueno, tragar saliva con el gol del rival, blindarte atrás y brindarte en ataque, en el medio, metiendo en todos los sectores del campo para lograr el objetivo. Así lo construyó Racing.
A falta de juego más lúcido, sacrificio y lucha. Así también se consiguen objetivos.
Pero claro, el aporte de juego lo ponía el colombiano Juanfer Quintero, un especialista en paradas bravas. Y ese combo estuvo a la altura en esta noche de Avellaneda.
Arrancaba mal la cosa para la Academia porque a los 6', casi desde el arranque, el brasileño Yuri Alberto la mandaba a guardar y el Timao pasaba al frente.
Pero Juanfer se puso la situación en el lomo y condujo a su equipo al triunfo.
Primero, clavando el penal a los 36 y tres minutos después con un hermoso tanto, que surgió de la rápida cesión de un alcanzapelotas y sorprendió a todo Corinthians. Fue el 2 a 1 para ir feliz al vestuario.
El segundo tiempo se jugó a la medida de Racing. El equipo de Ramón Díaz buscó por todos los medios igualarlo, pero se topó con un Racing con alma, un calco de cuando jugaba Gustavo Costas .
Se iba Juanfer reemplazado, la cuota mayor de fútbol, pero quedaba el espíritu del coraje.
Rojas, Salas, Arias enmendando un error en el tanto del Timao y hasta Vietto metían con ganas para defender la ventaja.
Así el equipo de Avellaneda llegó a otra final internacional, como aquella de 1988, ante el mismo rival con el que se medirá en Paraguay: Cruzeiro de Brasil.
Haceme caso. Si amás a esa chica o chico. O te joden los atropellos, no lo dudes. Imitalo a Racing.