El Poroto Bustos sale jugando desde el fondo y se la da a Pancho Lombardo.
El crack que defendió hasta la albiceleste de la Selección nacional, sube por el lateral y toca al medio, allí donde espera Corral.
Miguel se frena, piensa, da una vuelta y se la da a Peto Flamant. Y el Peto hace finta con la globa de antaño y le pega con calidad, con la flama de su zurda encendida.
Sí, allí adonde está el Quique, que razona como wing. “Lucero” de la tarde que desborda y se la da a Juan de Dios Fernández y éste se la devuelve al Quique, que ya como 5 te patea un penal a colocar y si no, hace jueguito para Medardo Sosa, que canta al sol como la cigarra, con Chacón, con Benito Emilio Valencia, con Pascual Curia, con Andrés Molina, con el Flaco Suárez, con el Picho Fernández, con
Francisco Ibáñez, con Valdés y el Cabezón Godoy.
Y le dice a Zolorza: “Cuidame la 5, pibe", y el Negro, como el príncipe Lucas Skylwaker de Stars Wars, le hace caso al Obi Wankinobee y así el Imperio albiceleste Contraataca.
Y ya es un partido histórico, sí. Porque en el arco están Iaconetti, Ugliardi, Sedano, y en la defensa Larpin, el Liche, el Ñato, Marlia, Gustavo Corral, el Repollo García...
Y en el medio son Quintana, Dillon, Ponce, Derrigo, Morichetti, Álvarez, Lamotta, ¡¡¡el Turco Lucero!!! Los pibes que jugaron uno, dos, cien partidos desde aquel dichoso 10 de enero de 1924 hasta nuestros días. Pibes de todas las épocas que supieron de esos mosaicos rojos, donde una vez le ganamos 10 a 9 a River con Alonso y Vitrola Ghiso a la cabeza.
Y 1934, 1941, 42 y 43 gritos. Y 48 y 59 festejos. Y 76, 86 y 87 gritos más. Y así 1994, 95 y 96 bocas abiertas de gol.
Y Argentino tiene titulares para armar cientos de equipos. Cualquier pibe que salió de la Academia, que se formó en la fragua de Don Aroldo y José Ruarte lo sabe. Y ahí tenés a las chicas del femenino dando los primeros pasos y cubriéndose de gloria. ¡Y cómo no! Si son de cuna académica.
Y en el gimnasio de boxeo, el profe Suarez te dice: “Dale al plexo solar”, y los abuelos de las bochas calculan el tiempo y distancia el golpe de efecto.
Las chicas del patinaje artístico dibujan piruetas en el aire y las pibas del handball saltan a rematar. Y la comparsa, la murga, los Enanitos Verdes, Los Iracundos, León Gieco y los Kjarkas te sacan a bailar.
Así como las gambetas de Ereros, el Turco Lucero y el Mago Correa.
“¡Argentino!, ¡Argentino!, suena el grito albiceleste con ardor”, “Cuando con mi viejo iba a la cancha a ver aquel atlético”, “Academia de campeones sin TV, almas con botines, Rubber Soul”, así le cantamos al amado Atlético Argentino.
Son 96 años, y un mural que resume las historias de vida, de pasión y de goles.
Historias mínimas de viajes... que al Este, al Parque, a Maipú, así como a La Pampa, Comodoro Rivadavia, San Luis, Buenos Aires, Bahía Blanca, Salta, Córdoba y San Juan… ¡¡¡San Juan!!!
Historias de sueños futbolísticos, de novias fieles a la causa académica; de asados, locro, vino y amistad. De solidaridad, de pieles tatuadas con la estrella del Che Sanjosino, de comunidad organizada.
Acá estamos. Porque fuimos, porque somos y porque seremos. Argentino vuelve a ser Argentino.
La Academia de Mendoza. La del Gringo, el Quique, el Turco y todos ustedes. Desde ese que paga su entrada y alienta o la Graciela con el piberío en ese río de mermeladas, como diría Tejada Gómez, otro célebre académico. La Academia de Lila De Marinis.
Con la cantina del León y de la Beba, el metegol y la pileta que no fue y el Villavicencio en su infaltable sitio de platea. Y cada cual en la tribuna. Los de Lencinas, el Nacional, Vélez Sarsfield Pacifico, la Academia, el Taladro, el Boli Stones…
El imperio albiceleste contraataca. Argentino vuelve a ser Argentino.
Nuevamente, al decir de aquella zaga de George Lukas (Star Wars): “Que la fuerza te acompañe”.