Pierre Gasly, y Alpine, no logran levantar cabeza. Tras un GP de Azerbaiyán que lo vio terminar en la 18ª posición -su cuarta carrera consecutiva fuera del top 15-, el piloto francés manifestó un hartazgo que podría ser la punta de un iceberg de problemas mucho mayores.
A pesar de su hermetismo inicial, las declaraciones post-carrera dejan entrever una situación alarmante para el equipo de Franco Colapinto, que parece estar más cerca del fondo que de la punta de la parrilla de la F1.
Un monoplaza que no rinde y situaciones "extrañas"
La temporada de Alpine ha sido un camino de espinas, pero las palabras de Gasly sugieren que la situación va más allá de un simple déficit de rendimiento. "Hay cosas bastante extrañas sobre las que tendremos que trabajar", mencionó el piloto, y añadió: "Llevamos cuatro o cinco carreras con situaciones un poco extrañas".
Esta insinuación sobre anomalías en el monoplaza A525 o en la gestión del equipo es lo que más preocupa a los fanáticos y a la prensa especializada. La falta de evolución del coche, un problema ya conocido, parece ser solo una parte de la ecuación.
El diagnóstico sobre el monoplaza es contundente: "claramente no tenemos ritmo", una verdad dolorosa para un equipo que aspiraba a competir en la zona media alta de la parrilla. La frustración del piloto es palpable, y su sinceridad al reconocer que cometió errores en la clasificación solo resalta la presión que está viviendo.
Siete carreras de resignación y mucho trabajo por delante
A pesar de este panorama sombrío, Gasly se muestra resignado y enfocado en el futuro. "Sé que va a ser difícil", admitió sobre las siete carreras restantes, y afirmó que es importante para él "pasar página y tratar de trabajar con el equipo". La realidad, según sus propias palabras, es que no van a "pasar de la 19ª posición a ganar repentinamente cinco décimas por vuelta", lo que implica que el equipo deberá concentrarse en pequeñas mejoras en lo que resta de la temporada.
