El fútbol es sublime, colosal. La Copa Argentina, el certamen más hippie del fútbol argentino. En dónde Patronato de Paraná puede ser campeón, Atlético Tucumán subcampeón y ahora Independiente Rivadavia el que festeja.
Un campeón con fundamentos que tienen enorme valor en esta competencia. Porque en Copa Argentina pasa lo que no pasa en un torneo regular.
El mata- mata de este torneo ha mostrado a lo largo de su historia resultados de lo más sorprendentes e inesperados.
La Copa Argentina pone en el escaparate, emociones que no se ven en el campeonato de la Liga Profesional.
Como que un arquero que no atajaba desde hace rato -Gonzalo Marinelli-que había perdido la titularidad a manos de Ezequiel Centurión y el que se había comido goles tontos en el campeonato pasado, ingresa en los últimos minutos de partido y termina convirtiéndose en el héroe de su equipo, al detener un penal, o dicho de otro modo, dos veces un penal al mismo ejecutante...
En el que puede ser campeón un equipo del interior venciendo a los poderosos.
Debo confesar que personalmente me gustaba mucho más el formato de antes de la Copa. Por eso en los adjetivos calificativos no cumple con el like en que sea el más democrático de todos.
Antaño jugaban también equipos de las Ligas del interior sin tener que pasar por el tamiz de una competencia federal, que arranca desde el Federal A.
El recuerdo de cuando Palmira eliminó al Rojo de Avellaneda en 1969
Así alguna vez Atlético Palmira eliminó a Independiente de Avellaneda en el Feliciano Gambarte, por ejemplo. Podía jugar el poderoso contra un equipo humilde sin que nadie se sonrojara. Y podía ser el partido de sus vidas para unos, como el papelón para otros.
Así como alguna el Alcorcón goleó a Real Madrid por la Copa del Rey de España, acá podría darse algo similar, si la Copa Argentina volviera a su máxima esencia de todos contra todos, en cualquier cancha y de cualquier categoría. Más inclusivo
Fuera de ello, aguante la Copa más hippie de todas y felicitaciones a Independiente Rivadavia.