Hugo Cirilo Mémoli: a 19 años de la partida del eterno Gringo del Parque
Fue capitán, ídolo y referente del Independiente Rivadavia que brilló en los Torneos Nacionales. Hoy, su recuerdo sigue intacto en cada rincón del Parque.
Un día como hoy, hace 19 años, el fútbol mendocino se quedaba sin uno de sus emblemas más queridos. Era un domingo del 2006 cuando Hugo Cirilo Mémoli dejó el mundo terrenal, pero no así el corazón de quienes vibraron con su entrega y su amor por la camiseta de Independiente Rivadavia. Tenía apenas 55 años y una vida entera ligada a la pelota.
El Gringo Mémoli fue mucho más que un aguerrido lateral derecho. Fue símbolo, capitán y bandera de la Lepra en sus épocas doradas. Nacido futbolísticamente en las inferiores del Azul, debutó en primera en 1968 y, tras un paso por Deportivo Guaymallén, volvió en 1971 para escribir algunas de las páginas más gloriosas del club en los recordados Torneos Nacionales.
Rústico, pero noble, duro, pero leal, Hugo Cirilo se ganó el cariño de todos. Dentro de la cancha se transformaba en un gladiador, un referente al que se admiraba o se temía, pero al que nadie podía ignorar. Fuera de ella, su figura se agigantaba aún más: un tipo caballero, correcto, solidario y siempre dispuesto a tender una mano.
Pese a haber vestido también las camisetas de Gimnasia y Esgrima —el clásico rival— y River Plate, nadie duda de que su alma fue leprosa. Y ese amor mutuo entre hinchada y jugador trascendió los colores: el Gringo fue respetado por todos los clubes y ovacionado por quienes supieron compartir vestuario con él.
El edema pulmonar que se lo llevó demasiado pronto dejó un vacío enorme en el deporte mendocino. Ese mismo día, Víctor Legrotaglie —ídolo de Gimnasia— lo despidió con palabras que resumen su legado: "Todo lo que se refiera al 'Gringo' hay que escribirlo con mayúsculas. Fue un tipo fenomenal, bárbaro, correcto. Me afecta mucho porque siempre estaba al lado de todos los que lo necesitaran, sonriente y gentil".
Hoy, a casi dos décadas de su partida, Hugo Cirilo Mémoli sigue siendo recordado con respeto y cariño. En cada rincón del Parque, en cada charla entre hinchas, en cada anécdota contada con orgullo. Porque los ídolos verdaderos no mueren: se transforman en leyenda.