Entiendo que en estas horas el hincha tombino anda con un nudo en la garganta que no se lo saca ni con un vino de esos que curan hasta la timidez. Este sábado, Godoy Cruz se juega la permanencia en Primera. Así, sin anestesia. Tiene que ganarle a Deportivo Riestra y, encima, esperar que Aldosivi y San Martín de San Juan empaten o que el triunfo sea cuyano para forzar un desempate. Todo junto. Es difícil, pero no imposible.
Si dicha combinación no se da, Godoy Cruz perderá la categoría y ya sabemos cómo es este país cuando un equipo está por descender: la tragedia grita antes que el sentido común, los fantasmas se sientan en la platea y los nervios hacen de las suyas.
He visto —y ustedes también— canchas que se vuelven calderas de bronca, alambrados que tiemblan, gente que confunde desahogo con destrucción, como si romper lo nuestro arreglara algo. Un mal nacional que hizo dudar a dirigentes de volver al Malvinas Argentinas.
Pero este año, y sobre todo este sábado, el hincha de Godoy Cruz tiene una responsabilidad distinta, más profunda que un resultado: defender su casa. Porque después de veinte años de alquilar el estadio provincial, veinte años de ser visitante en su propia ciudad, el Tomba volvió a jugar en su estadio. Volvió donde su historia respira. Donde el barrio sabe los nombres de memoria. Donde la tribuna no se abre: late.
Tener un estadio prácticamente nuevo es un lujo que muchos clubes del país envidian. Una cancha propia recién arreglada, levantada con esfuerzo, con gestión, con manos que trabajaron más que un cinco tapón en un partido chivo. Y si hay algo que uno debe aprender, en la cancha y en la vida, es que las casas se quieren aún más cuando costaron tanto.
Por eso, pase lo que pase el sábado —gane, empate o pierda; se quede o se vaya— el hincha tombino tiene que recordar que el Gambarte es un tesoro. No uno de vitrina, sino de esos que se heredan. Y que cuidarlo es tan importante como mantener la categoría. Porque una institución fuerte se construye con alegrías, pero también con responsabilidad cuando las cosas vienen torcidas.
Así que, querido hincha bodeguero, llévelo como bandera aunque le tiemblen las rodillas: no hay nada mejor que casa. Lo cantó Cerati hace varios años en Té para tres, pero podría aplicarse a cualquier tablón del país. Uno puede volver siempre, siempre, a una casa que está en pie. Cuidarla este sábado es, quizás, la mejor forma de empezar a levantar lo que venga.