Guerra y fútbol: cómo EE. UU. y Qatar lograron que la FIFA blinde a Israel ante la presión internacional
Las federaciones de Noruega y Turquía fueron las más activas en reclamar a la UEFA y a la FIFA, pero la ausencia de un debate formal sobre el tema refleja que la línea de la entidad es mantener el statu quo.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, puso un freno a la creciente presión internacional que exigía la suspensión de Israel de las competiciones de fútbol a raíz del conflicto en Gaza.
El mensaje oficial fue una declaración de intenciones: el organismo no intervendrá en cuestiones políticas, ya que su misión es promover la paz y la unidad. "La FIFA no puede resolver problemas geopolíticos, pero puede y debe promover el fútbol en todo el mundo", sostuvo Infantino en un comunicado.
Sin embargo, esta postura de "neutralidad" esconde una compleja red de intereses diplomáticos. La decisión confirma que la FIFA prioriza la estabilidad política y los intereses estratégicos de sus principales socios , antes que responder a las demandas de federaciones nacionales o grupos de presión. El fútbol, lejos de estar al margen, se encuentra profundamente atravesado por equilibrios de poder.
Infantino tomó una terminante decisión.
El ajedrez político: la presión de Washington y el factor Qatar
El blindaje de Israel en el escenario futbolístico internacional se apoya en dos pilares geopolíticos fundamentales. El primero es el apoyo explícito de Estados Unidos. La semana pasada, el Departamento de Estado de EE. UU. aseguró que trabajaría activamente para proteger el estatus de Israel en el fútbol. Este respaldo de una potencia mundial es un factor que Infantino no podía ignorar.
El segundo pilar es la influencia diplomática de Qatar en el fútbol europeo. El país de Medio Oriente mantiene estrechos vínculos con la UEFA y su presidente, Aleksander Ceferin , quien estuvo presente en la reunión de la FIFA en Zúrich. La propuesta de paz respaldada por Qatar y otros gobiernos de Medio Oriente refuerza su posición estratégica.
De hecho, en la misma reunión también estuvo Nasser al-Khelaifi, presidente del Paris Saint-Germain y figura clave en el entramado político-deportivo catarí. La presencia de estos actores estratégicos refuerza el blindaje de Israel en un momento crucial.
Presión ignorada: las federaciones que reclamaron la suspensión
La decisión de Infantino se toma a pesar de la fuerte presión ejercida por federaciones de fútbol que buscan una respuesta deportiva al conflicto. Las federaciones de Noruega y Turquía fueron las más activas en reclamar a la UEFA y a la FIFA la suspensión de Israel.
Según fuentes consultadas por The Associated Press, una votación en el comité ejecutivo de la UEFA contaba con posibilidades de aprobación, pese a la resistencia de Alemania y del propio Israel. La ausencia de un debate formal sobre el tema refleja que la línea de la FIFA es mantener el statu quo.
El contexto es aún más tenso si se considera que Israel tiene programados dos partidos de clasificación rumbo al Mundial 2026: el 11 de octubre ante Noruega y el 14 frente a Italia. Mientras el presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, mantiene encuentros en Suiza para reforzar su postura en el plano deportivo internacional , las decisiones de la FIFA confirman que el fútbol responde a equilibrios de poder que trascienden el espíritu deportivo.