Literatura de verano

"Fuimos", texto literario en homenaje al día del ferroviario

El 1 de marzo se celebró el día del Ferroviario. El escritor bonaerense Fernando Peteira, nos trae este emotivo texto sobre el Ferrocarril y el fútbol.

Fernando Peteira

2 Marzo de 2025 - 16:15

"A veces gambeteaba a la escuela y se quedaba en la placita de la estación"
"A veces gambeteaba a la escuela y se quedaba en la placita de la estación" IA

2 Marzo de 2025 / Ciudadano News / Deportes

- Elude a Zywica, le sale Iervasi y también lo gambetea, se enfrenta al arquero y goooooooooolllllll, goooooooooooooolllllll de Flandria, a los 44 del segundo tiempo... ¡Seppaquercia pone al Canario en ventaja, 1 a 0 sobre All Boys! 

-¡¡¡Nene!!! ¡Dejá de jugar entre las macetas que me las vas a romper! 

-Ya termino, mamá. Ganamos. 

Armandito era un gambeteador empedernido, desde pibe, todo lo que veía en el piso lo transformaba en pelota; tapitas de cerveza, ladrillos, latas, él gambeteaba a todo lo que se le ponía delante. 

A veces gambeteaba a la escuela y se quedaba en la placita de la estación jugando con los amigos. Ya siendo adolescente tuvo que gambetear a la cana cuando la vieja Cirelli lo denunció por romper el foco de la esquina con un pelotazo, lo que no pudo sortear fue el cachetazo que le dio el padre cuando llegó a la casa, lo durmió. El Viejo ten

Texto de Fernando Peteira
Texto de Fernando Peteira

 una fuerza tremenda producto de su trabajo con los rieles, años levantándolos con las manos y ganando apuestas.

Don Alfredo había llegado desde Toay, era delegado de la Unión Ferroviaria y al parecer molestaba a la conducción del gremio, entonces un día de abril de 1977 lo mandaron a reparar vías a Jáuregui y allí se quedó para siempre. El Pampa, así lo llamaban sus compañeros, siguió luchando para mejorar las condiciones laborales de los ferroviarios, nunca se quedaba quieto, siempre tenía una propuesta nueva. Su padre, el abuelo de Armando, había sido maquinista y también delegado gremial de La Fraternidad. El más chico de los Lumumba se crió entre rieles y trenes, lo nombraron en el Sarmiento a mediados de la década del 80, guardabarreras, su sueño cumplido, allí podía tomar mate y escuchar los partidos. ¡¿Qué más quería?! 

En el 91' comenzaron los rumores y enseguida las confirmaciones, el proceso de reformar el estado incluía la privatización de los ferrocarriles. Las protestas y marchas por parte de los obreros y empleados de los gremios del riel no se hicieron esperar, a pesar de que la cúpula de los sindicatos miraba para otro lado. Armando, su padre y su mamá Alicia encabezaban todas las protestas que se hacían en cada estación, en la Capital o en donde se convocara un acto reclamando la suspensión de las medidas que harían desaparecer puestos de trabajo y pueblos enteros. Nada sirvió en ese momento, la pelea se perdió. 

Ferro
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Antes de fin de siglo, Don Alfredo murió sentado en un banco de la estación.

Armando Lumumba, con 58 años en la espalda, algo encorvado y delgadísimo, era entrenador de las divisiones infantiles del equipo de Jáuregui y además es cobrador del club. Vivía solo en una de las casas del Ferrocarril Sarmiento a unos metros de la barrera. Flandria, el amor de su vida, lo convocó a trabajar. También el club Camioneros de Luján le ofreció dirigir la categoría infantil pero Lumumba les dijo que no, que era ferroviario todavía. La ilusión de volver a laburar en la vía seguía latente. 

A la tardecita se lo solía ver haciendo jueguito con una pelota de goma en el frente de la casa, o gambeteando alguna maceta de lata, ya oxidada, que solamente alojaba yuyos, siempre relatando aunque ahora en voz baja y con la camiseta del Canario enfundada. Solo se detenía para ver pasar algún tren, sus ojos se humedecían en ese momento. Armando luchó hasta el final en esa pelea desigual entre los trabajadores del riel y los matadores del ferrocarril. Nunca aceptó el relato de los gobernantes y sus "periodistas" para justificar el cierre. Desde esos años su vida fue tristeza y hambre. Sin trabajo fijo, Armando deambulaba por el pueblo y la ruta buscando changas hasta que fue requerido por el club del pueblo para trabajar con los pibes. 

Hace unos días faltó al entrenamiento por primera vez, lo encontraron muerto en su cama con una pelota bajo un brazo. Tenía en su mano izquierda un recorte de diario que decía: "Ramal que para, ramal que cierra".
 

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