Fernando Rapallini, ex árbitro de renombre, asume un nuevo rol clave en el fútbol argentino: la Gerencia Técnica de Arbitraje.
Esta posición, según sus propias palabras, lo convierte en el "responsable de la parte de formación, de instrucción, de capacitación de todos los árbitros del fútbol argentino".
Un cargo que lo llena de satisfacción y que, asegura, es el resultado de una preparación y un desarrollo personal que inició incluso antes de colgar el silbato.
"Estoy muy contento por la función que empiezo a desarrollar y porque hayan pensado en mí los dirigentes del fútbol argentino para ocupar ese cargo", expresó Rapallini con entusiasmo en diálogo con el programa Minuto 91 por la 91.7
Su nueva labor implica dejar las canchas, pero no el compromiso con el arbitraje. "He dejado las canchas para estar del lado de afuera ayudando a los muchachos en su formación, en su instrucción, en su desarrollo", afirmó, destacando su vocación pedagógica y formativa, un trabajo que ya había comenzado a gestar en los Emiratos Árabes Unidos.
Menos VAR, más Justicia
Rapallini no solo se muestra orgulloso de su nuevo puesto, sino que también revela la filosofía que guiará su gestión, alineada con los principios de la FIFA: "mínima intervención, máximo beneficio". El objetivo principal es reducir las intervenciones del VAR, no eliminarlas, sino lograr que los árbitros tomen decisiones correctas en el campo de juego, minimizando la necesidad de revisión.
"Nuestra idea principal es, y lo estamos logrando, como la filosofía FIFA lo dice, mínima intervención, máximo beneficio, tratar de tener la menor cantidad de intervenciones posibles", explicó Rapallini. Para ello, la clave está en la capacitación: "eso se construye a través de trabajar en los árbitros para que tomen buenas decisiones, porque si no trabajamos en los árbitros para que tomen buenas decisiones, vamos a tener más intervenciones del VAR".
Además, el ex colegiado hizo hincapié en la importancia de la justicia y la eficiencia en las intervenciones del VAR.
"Esas intervenciones tienen que tener justicia, porque hay que ser pragmático y el VAR llegó para traer justicia", enfatizó.
La celeridad es importante, pero no a expensas de la decisión correcta: "Si vos no aplicás justicia por ser rápido, sos ineficiente. Ahora, si además de justicia, sos rápido, bueno, sos eficiente. Estamos tratando de trabajar sobre eso para bajar los tiempos, para que no haya tantas revisiones, y esos son los objetos que tenemos."
La dimensión humana del arbitraje
Más allá de los aspectos técnicos y reglamentarios, Rapallini subrayó un concepto fundamental para entender el arbitraje: la necesidad de "desdramatizar y humanizar" la profesión. "Hay que desdramatizar el fútbol, el arbitraje", sentenció, haciendo un paralelismo con una frase del ex árbitro Héctor Baldassi.
El ex árbitro compartió una anécdota personal para ilustrar este punto, revelando la desconexión que a veces existe entre la percepción pública y la realidad de los árbitros.
"Hoy me llamó un productor a la mañana y me decía, 'che, ¿te podemos hablar dos minutos?' Le dije, 'no, estoy yendo para Ezeiza a trabajar'. Y me dice, 'bueno, pero podés hablar, o sea, que tenés un chofer.
¿Qué chofer?' Le dije, 'tengo mi auto del año 2013, de toda la vida, en un embotellamiento'", narró Rapallini exponiendo la imagen distorsionada que a menudo se tiene de quienes imparten justicia en el campo de juego.
Rapallini lo resumió de manera contundente: "La gente tiene como un delirio y yo siempre digo, nosotros somos los mismos de siempre, lo que cambia es la mirada sobre nosotros. ¿Por qué? Porque fuiste a un Mundial, porque fuiste a una Eurocopa, por lo que sea. Lo que cambia es la mirada, nosotros somos los de siempre, pero bueno, nosotros también tenemos que aprender a leer esas miradas."
Desde este nuevo rol, Fernando Rapallini no solo buscará elevar el nivel técnico del arbitraje argentino, sino también fomentar una comprensión más profunda y empática de la labor arbitral por parte de los amantes del fútbol para transmitir que detrás de cada decisión en el campo de juego hay un ser humano.