Ernesto Cherquis Bialo no es solo un periodista; es un poeta que supo encontrar en el deporte el ritmo de la vida misma. Con su pluma privilegiada, moldeó historias que trascendieron el tiempo y los números fríos de los resultados.
Amante del detalle, siempre encontró en el deporte un espacio para la reflexión, el análisis y, sobre todo, la emoción. Porque para Cherquis, contar una historia no es solamente informar; es una misión mística de darle sentido al rugido de la tribuna y al susurro de los vestuarios.
El boxeo es uno de los grandes amores de su vida. Allí, donde otros ven dos hombres lanzándose golpes, Cherquis descubre una coreografía humana, una sinfonía de resistencia y pasión. Su capacidad para interpretar el arte del boxeo lo convirtió en un faro para quienes querían entender el alma de los pugilistas, desde los héroes anónimos hasta las leyendas inmortales. Y entre esas leyendas, pocas brillaron con la intensidad de Muhammad Ali, el hombre que transformó el cuadrilátero en un escenario de lucha física, política y espiritual.
La sabia visión de Cherquis sobre el gran Ali.
Hoy, Ali habría cumplido 83 años. Esa fecha fue el punto de partida de una charla con Cherquis en Minuto 91, que se transformó en un viaje a través de la vida y la obra de un hombre irrepetible. "Diría que fue el mejor atleta del siglo pasado. Y si no fue el mejor, debe haber estado en el podio con Maradona y Pelé, porque el atleta no solo vale por lo que hace, sino también por su significante social, y Ali tuvo una importancia fundamental".
Hablar con Cherquis sobre Ali es como abrir una ventana a una época donde el boxeo no era solo deporte, sino un espejo de los tiempos, y Ali, con su agilidad, su valentía y su lengua afilada, un poeta y guerrero en igual medida. "Dio una batalla en defensa de los afrodescendientes. En plena guerra de Vietnam, el tipo, siendo una de las celebridades máximas de los aficionados del boxeo, se negó a ir. ¿Y qué hizo? Lo dijo, ¿y dónde lo dijo? Se lo avisó a todos los periodistas del mundo en una conferencia de prensa, ´yo no voy a Vietnam porque no tengo nada contra los vietnamitas´. Ubiquémonos en el comienzo de los 60, el tipo deja esta frase: ´Ningún vietnamita intentó maltratar a mi madre, violar a mi hermana, explotar a mi padre, y someter a otra raza´. Lo dijo en Estados Unidos y siendo el campeón del mundo. Después abrazó causas religiosas con las que uno puede coincidir o disentir, pero tuvo una idea, la llevó adelante, habló siempre sobre la igualdad racial en el mundo, y se bancó la que venía. ¿Por qué lo destacamos? Porque las celebridades del deporte mundial hoy, desde que murió Diego especialmente, no abren la boca, no defienden a nadie, no hay ninguna causa que los conmueva".
En las palabras de Cherquis, Ali no era solo un campeón; era un símbolo de resistencia, un hombre que, con cada golpe lanzado o esquivado, desafiaba no solo a sus rivales, sino a las injusticias del mundo. "Muhammad Ali, que hoy hubiera cumplido 83 años, dejó de lado todo y debió pelear más allá del límite posible por cuestiones de salud, de edad, de envejecimiento precoz, porque a pesar de que ganaba fortunas extraordinarias, debió gastar mucho, pero mucho dinero, en abogados, en asesores, por todo lo que le costó ser rebelde, en un momento en que si uno con todos esos laureles pertenecía al establishment, seguramente le hubiera ido como el resto de los campeones del mundo de peso completo que hubo antes. O como le va a la mayoría de los grandes campeones del mundo que existen ahora".
En otro pasaje de la entrevista, el periodista recordó: "Tuve el enorme privilegio de estar muchas veces con el actor de quien estamos evocando. En peleas, antes de los combates, después de las peleas, en distintas partes del mundo. Esta profesión me ha permitido estar en Kinshasa, o en Manila, o en Estados Unidos muchas veces, pero fundamentalmente ser su anfitrión en Buenos Aires, cuando vino en el aniversario número 60 de la revista El Gráfico. He tenido vivencias personales, convivenciales con este atleta, que la mayoría de las cosas que hizo en favor de comunidades pobres, especialmente discriminados raciales, no se dieron a conocer".
Cherquis cierra su análisis histórico sintetizando que el gran Muhammad Ali "fue un hombre benefactor, generoso, comprensivo, revolucionario y disruptivo".
Como dato determinante para nuestro país, la pelea entre Ali y Bonavena, mantuvo durante muchos años el máximo récord de rating televisivo: "Ringo se plantó para ir al tú a tú y pelearle cara a cara con las armas que tenía. No debemos olvidar que, al momento de la pelea, que fue el 5 de diciembre de 1970, marcó el primer récord de la televisión argentina con 79 puntos y pico por Canal 13, después lo superó Argentina vs. Italia en el Mundial 1990 en la definición por penales, que superó los 80.5 de rating de televisión cuando la TV solo era abierta".
Ernesto Cherquis Bialo sigue siendo un referente para todos aquellos que creen que el periodismo deportivo no es solo una profesión, sino un arte. Un arte que, como el boxeo de Ali, requiere técnica, corazón y, sobre todo, una inagotable pasión por la verdad.