Entre pases, reproches y genialidades: el Mundial de Maradona contado por Valdano
El gol a Italia, la magia de Diego y las confesiones que revelan la intensidad de un vestuario campeón.
Por Ciudadano.News
20 Enero de 2025 - 12:15
20 Enero de 2025 - 12:15
20 Enero de 2025 / Ciudadano News / Deportes
En el bar de un elegante hotel madrileño, a pocos metros del Santiago Bernabéu, Jorge Valdano recibió a eldiario.ar con su habitual aplomo y una sonrisa tranquila. Vestido con saco oscuro y suéter de cuello alto, su presencia sugiere la de un académico o un diplomático.
De cierto modo, son ambas cosas. A lo largo de su vida, el santafesino nacido en Las Parejas en 1955 fue definido de muchas maneras: futbolista, entrenador, escritor y filósofo. Este último término, aunque halagador, le parece exagerado. "Me veo más como alguien disciplinado y con mucha voluntad", afirma.
A días de cumplir 50 años en España, Valdano reflexiona sobre los momentos que marcaron su vida y su carrera. "Un antes y un después fue llegar a España con 19 años. Ignoraba completamente las consecuencias de esa decisión. Cincuenta años después, sigo aquí. En lo futbolístico, el Mundial del '86 fue otro punto de inflexión. Cuando encaré a (Harald) Schumacher, sabía que, si el gol entraba, sería una persona y, si no, otra distinta".
Su llegada a España en los años setenta coincidió con una época de transformación. Aceptó una oferta del Alavés, equipo de segunda división, y pronto se enfrentó al frío, los campos embarrados y un fútbol rudo que lo llevó a sufrir dos roturas de peroné. A pesar de todo, Valdano perseveró. "Siempre fui muy disciplinado. Me quedé después de los entrenamientos practicando con la zurda, aunque me caía al usarla. Esa constancia me llevó a usar la camiseta 11, y muchos pensaban que era zurdo. Esa es mi mayor conquista".

Si el fútbol fue su primer amor, la literatura fue el refugio que lo acompañó en su segunda vida. "En mi casa no había libros. A los 15 años compré una colección de Salvat y me fascinó la posibilidad de vivir otras vidas a través de las páginas", recuerda. En España, encontró mentores literarios que lo guiaron en su camino, como un compatriota que le presentó la obra de Francisco Umbral.
Hoy, Valdano combina lecturas variadas con la escritura. Es conocido por sus columnas en el diario El País, donde mezcla vivencias, sensibilidad y reflexión: "Leo de forma caótica, a veces tres libros a la vez. Si uno no me engancha, lo dejo en la página 20. Disfruto mucho la lectura, es mi pasión sustitutiva. Sin ella, habría sido imposible mi vida después del fútbol".
Para Valdano, la cima no es sinónimo de complacencia. "El profesionalismo muchas veces te aleja del aprendizaje. En Argentina, cuando los grandes eran testigos de mis torpezas, esperaba que se ducharan y se fueran para practicar solo. Aprendí a ser autodidacta tanto en el fútbol como en la literatura".
El diálogo con su hijo Jorge, hoy guionista, lo llevó a reflexionar sobre la importancia de encontrar la vocación. "Pensaba que su pasión por el cine era una interferencia con sus estudios de Derecho. Me equivoqué. Donde veía un problema, estaba la solución".

Más allá del fútbol y la literatura, Valdano también aborda la política y la sociedad con una visión crítica. "Cuando llegué a España, buscaba la imagen folclórica que tenía de Lola Flores, pero encontré una España seria y austera. Esa experiencia me enseñó que la vida decide por uno, no al revés".
En sus palabras, Valdano no solo repasa su historia; la utilización como espejo para reflexionar sobre temas universales: la voluntad, la resiliencia y el aprendizaje continuo. Un pensador que hizo un gol en la final del mundo, pero cuya verdadera conquista radica en su capacidad para narrar y conectar.
Parece increíble, pero ocurrió. Durante el debut de Argentina contra Corea del Sur en México '86, Jorge Valdano, ansioso y desbordado por la emoción, insistió tanto en pedirle la pelota a Maradona que este, molesto, lo mandó a callar y decidió no dirigirle más la palabra. Valdano, terco y disciplinado, no se dejó intimidar y siguió jugando con pasión. En el siguiente partido, contra Italia, pese a la "guerra fría" entre ambos, la conexión futbolística se impuso.
A los 34 minutos, Valdano recibió un pase de Giusti y, sin detenerse, habilitó a Diego con una jugada perfecta. Maradona, marcado por Scirea, resolvió con un zurdazo que desafió las leyes de la física: acomodó la pelota contra un palo con tal precisión que dejó al arquero Galli sin reacción, como un espectador más. Fue una obra maestra que nació del entendimiento tácito entre dos talentos.
Después del partido, en la ducha, la conversación tomó un giro curioso. Valdano, con tono de broma, comentó:
"Se la comió el arquero"...
La respuesta de Diego fue fulminante: ¿Que se la comió el arqueroooo? Ah no, dedicate a otra cosa, no jugués más al fútbol, dedicate a otra cosa, trabajé contra el pie suyo, no me podés decir que no fue un golazo, no me podés decir que fue suerte, no me podés decir que se equivocó el arquero, ¡dedicate a otra cosa!".
El Vasco Olarticoechea, testigo de la escena, intervino con su clásica mezcla de ingenio y sentido común: "Agarró para el lado de los tomates, Diego"...
Las anécdotas de aquel equipo, que terminó siendo campeón del mundo, revelan el carácter único de Maradona: genio en la cancha y figura irrepetible fuera de ella. Desde las tácticas de Bilardo hasta las condiciones adversas del césped, Diego supo superar todo obstáculo, llevando a la Argentina a lo más alto.

Como dijo Valdano tiempo después: "En ese Mundial, a Maradona solo se lo podía parar con faltas. Era un proyecto que doblaba las esquinas".
Y así, entre goles imposibles, peleas de potrero y reconciliaciones en la ducha, el '86 quedó grabado como el torneo que consagró a Diego como leyenda.
Con información de elDiarioAr