Bisnieta de Eusebio Guiñez

Emilia Vargas: la heredera del legado Olímpico mendocino que sueña con la gloria en el triatlón

Con tan solo 19 años, María Emilia Vargas sigue los pasos de su bisabuelo, el legendario Eusebio Guiñez, en el mundo del deporte. Descubre su pasión por el triatlón, sus sueños olímpicos.

Por Fernando Montaña

María Emilia y la medalla que valió una clasificación al Panamericano/Mariana Canessa — .

Emilia, nada; se sube a la bici y luego corre con el ímpetu de sus 19 años. 

Y en cada impulso de su libertad motora, sueña y sueña con trasponer un mundo de veinte cintas de llegadas, de gritar jubilosa en podios cubiertos de gloria. 

Sí, así como lo hacía su célebre bisabuelo, uno de los nombres que emocionan cuando se habla de la Mendoza Deportiva del ayer. 

María Emilia Vargas es de la rama materna familiar de Eusebio Guiñez, aquel atleta  nacido el 16 de diciembre de 1906 en Rivadavia Mendoza que, como cuenta la leyenda, fue un emblema de nuestro país en el Siglo XX y entre tantas epopeyas quien le hizo la segunda a Delfo Cabrera para que se coronara con la medalla olímpica en Londres 1948. 

Eusebio Crispín terminó 5º en ese JJ.OO luego que tuviera una pérdida de bilis por el esfuerzo realizado. Claro que el Negro tuvo una trayectoria de logros deportivos insuperable.

Eusebio Guiñez con su sombrerito y el número 234

La Emi no conoció a Eusebio, fallecido en 1987. O mejor dicho, sí ha podido conocerlo a través del relato de sus abuelos Gladys y Fer y, por carácter transitivo, de Carla, su mamá. 

En las sobremesas familiares surgieron, desde que era pequeña, las anécdotas con el relato de tal o cual competencia del Negro Guiñez. 

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Y Emilia escuchaba embelesada cada tiempo que daba, cada pique, su generosidad en cada pista que recorría. 

Los fieles testigos de esos acontecimientos son las medallas y trofeos en alguna vitrina de esa casa museo en donde vivía Guiñez y que es herencia de sus abuelos. 

La atleta de Mendoza Regatas y la Selección con sus medallas/Mariana Canessa

Luego del postre del domingo, salía a jugar a la vereda con su hermana y las amiguitas del barrio, y rompía la monotonía de una tarde de apacible calma para correr a la manzana o treparse por el caño de la esquina hasta lo más alto del cartel de la calle, generando el lógico asombro -y preocupación- de su familia... 

'¡Nena, bajá de ahí que te vas a caer!, le imploraría su mamá... Pero era el primer desafío. Su primer podio, acaso. Había algo en su espíritu que se empezaba a mover con aquellos relatos de domingo. 

Y sí, por su sangre corrían ganas y el temple guerrero de Eusebio Guiñez... "Me encantó el deporte de chiquita. Hice baile, hockey, vóley. Hice natación; al final me decidí por la natación, desde los 5 a los 15 con Claudio Capezzone.

Y me aburrí, básicamente. Entrenábamos mucho. Y bueno, un día dije: no quiero estar más acá. Y los mismos entrenadores de natación, que son los de triatlón, en las pretemporadas por ahí me veían correr y me dijeron: 'vos corrés muy bien. ¿No te gustaría practicar triatlón?'. Primero dije que no, porque no quería saber más nada con la natación", cuenta Emilia Vargas.

"Me tomé un tiempo, hice atletismo, pero no me gustó porque era como que yo estaba acostumbrada a mucha más exigencia y el atletismo era mucho más tranquilo. Entonces busqué algo más exigente. Y ahí sí empecé con el triatlón; ya llevo cuatro años", detalla la atleta que se entrena en el Club Mendoza de Regatas.

Fernando, Gladys, Carla, Emilia, Mauricio, María Sol y Francesco /Mariana Canessa

Su familia, presente en la nota, escucha, sonríe y apuntala con algún detalle alguna de las respuestas de Emilia referidas a competencias o momentos de su carrera. 

Se conforma de Mauricio Vargas, su papá; Carla Grasso, su mamá; su hermana mayor, María Sol,su futuro sobrino Francesco

Completan la escena Gladys Strutti y Fernando Grasso, los abuelos y habitantes de la casa en las que estamos conversando. Ausente con aviso, su hermanita menor Lourdes, la Luly. 

"Es muy lindo sentir el respaldo de la familia. Nos jodemos, pero es lindo tenerlos", cuenta. 

Sobre el célebre Eusebio, María Emilia confiesa:

"Empecé medio de casualidad a competir, pero mi abuela siempre me decía: 'vos tenés los genes de Eusebio' cuando me veían correr. Sé un poco de su trayectoria. El que más me cuenta es mi abuelo.

Sueños deportivos 

En su ascenso, Emilia Vargas tiene un hito reciente: su participación en un sudamericano en Paraguay, que le valió la clasificación al Panamericano de agosto en la misma ciudad. 

Junto a Luna Román Lafalla aseguraron su lugar en el equipo argentino de triatlón que competirá en agosto en los Panamericanos Junior. "Yo iba con la expectativa de entrar entre las 12. Nunca me imaginé que iba a quedar ahí en el podio. Cuando iba corriendo, fue como 'guau'.

Veía que no venía nadie y que quedé tercera. No lo podía creer. Fue una linda satisfacción".

La zaga de Eusebio a Emilia

-¿Qué sueños tenés en el deporte? ¿Vas en el día a día o soñás algo a futuro importante? 

-Y... me pienso, en un Panamericano en un Juego Olímpico. ¿Por qué no? Y si se puede, los Juegos Olímpicos sería como lo máximo.

-¿Cuáles son tus próximos pasos ahora?

Este fin de semana tengo el campeonato argentino, que es como el más importante de acá, porque es como la final en el Autódromo de Termas de Río Hondo. Y bueno, en agosto el Panamericano.

Pero estaba viendo de correr alguna otra carrera en Colombia, antes del Panamericano. Pero eso todavía no está definido.

-¿Cuál ha sido el momento de más emoción que has tenido en tu carrera hasta ahora?

-La carrera del Vendimia, que me había ido a ver mi abuelo. Eso fue bastante lindo. Y claro, el sudamericano de Paraguay. Antes había estado en Chile, que también fue un sudamericano. Fue una competencia de muchísimo nivel. Había chicas que han ido a los Juegos Olímpicos. Así que estuvo bastante bueno poderme medirme con ellas.

María Emilia Vargas sostiene un trofeo de Eusebio y uno propio/ Mariana Canessa

-¿Y cómo fue la experiencia de convivir en un seleccionado?

-Muy bien; pese a que no las conocía mucho a las demás chicas, es la primera vez que viajamos así como en equipo de selección. Bastante bien la relación.

-¿Tus amistades son también del ámbito del deporte?

-Sí, más del ámbito del Triatlón. Empecé la facultad, pero casi no he podido ir desde que empecé con tantos viajes. Estudio gestión de negocios digitales.

-Curioso que no te vincularas con la educación física.

-No, no, no me gusta (se ríe). Mi mamá a veces me decía, cuando no sabía qué estudiar: 'metete en la de educación física'. Pero a mí no me gusta dar clases y explicar. No tengo paciencia (se ríe).

-¿Y cómo la vas llevando con el apoyo para viajes y tu carrera?

-Es difícil por la situación económica. Pese a que buscamos, es complicado que me ayuden o me sponsoreen; es la realidad. Las cosas que he conseguido han sido gracias a mi médico, Mauricio Delgado, una de las personas que apuesta al deporte, y también a mi entrenador, Roberto del Podio.

El abuelo Fernando

El abuelo de Emilia, Fernando Grasso, atesora en sus memorias conversaciones con el Negro Guiñez, así que de alguna manera es quien hace de puente para transmitir muchas de aquellas vivencias a su nieta.

"Nosotros la acompañamos con lo que podemos. Y lo que más le remarco y en lo que más está cumpliendo es en medirse con el tema del tiempo. O sea, los tiempos, algo que siempre me decía Eusebio.

Soy un enfermo de los tiempos de los atletas, porque es la manera de ganar. Me enseñó alguien que sabía más que yo".

-Vos que trataste con Eusebio, ¿ves en ella ese fuego sagrado del deportista?

-Sí... Lo dice la abuela también. Es realmente estupenda. Si yo te cuento, tenía año y medio y se subía a los letreros de la esquina.

Los que están en las calles, ¿viste?, los caños. Se subía y nos asustábamos. De chiquita era terrible, una atleta de un año y medio.

Es de no creer, pero hay testigos. Y nosotros no sabíamos en qué iba a terminar eso, quizás en una desgracia, y gracias a Dios, terminó en una atleta bastante interesante y con futuro (risas).

La abuela Gladys

Gladys Scutti, es nieta directa de Eusebio Guiñez y se crió con él; también traza un paralelismo entre su amado Negro y la joven descendiente Emilia, su nieta.

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"Lo que ha sacado de él es que siempre mantiene la humildad y la garra para competir. Muchas cosas yo le he dicho a Emilia: 'mirá, el Lolo' -así llamaba a mi abuelo-, 'decía: tenés que llevar los brazos así, tenés que abrir, tenés que esto'. Y ella lo sabe también y mantiene esa humildad que la caracteriza. Y bueno, ni te cuento, cada vez que la veo correr, se me representa mi abuelo, el Negro. Y bueno, es muy emotivo", dice.

Sus espejos

-¿Quiénes son tus espejos cuando justamente ves los Juegos Olímpicos?

-La francesa Cassandre (se refiere a Cassandre Beaugrand). Y la otra es una mexicana que se llama Rosa Tapia. Esas dos las tengo ahí, como que siempre las miro, son mis referentes.

-¿Y qué te dicen tus profes, que vas bien?

Una atleta en crecimiento, con la vitrina llena de premios de su ilustre bisabuelo,Eusebio Guiñez

-Sí, en realidad es como que yo voy a cada competencia porque ellos me dicen. Me guían bastante con eso. Lo mismo con las otras atletas también; hay una chica que se llama Romina Biaglioli, que fue a las Olimpiadas de triatlón.

Y bueno, yo no la conozco, pero ellos la conocen bastante y me dicen: 'vos en realidad no estás tan lejos de ella'. Como que hacen esas comparaciones. Así que tenemos una proyección.

María Emilia Vargas, flamante ganadora del premio Huarpe que otorga el Círculo de Periodistas Deportivos de Mendoza, toma la posta del mandato de un glorioso referente de Mendoza y sueña en este Siglo XXI seguir dejando en alto los destinos de una tradición familiar asociada al deporte.