El recuerdo de aquella edición 4411 de Ciudadano que plasmó la vida y pasión de D10S
A cinco años de la partida de Diego Armando Maradona, recordamos la histórica edición 4411 del diario Ciudadano. Un homenaje en papel desde nuestras páginas de entonces.
Fuiste el niño de papel, el adolescente de papel y el adulto de papel. Tu vida se escribió en páginas y páginas, deportivas y no tanto. Supimos de vos en la vida como en la muerte.
Aquel 25 de noviembre de 2020 fue a nosotros que te habíamos leído tanto, a quien nos tocó contar sobre tu paso a la inmortalidad.
"Un periodista debe tener listas las biografías para no tener que armarlas a última hora, por si llega a pasar algo", era la premisa número uno en las redacciones periodísticas de antaño, cuando aún el Dios Internet era solo un código interno entre los espías.
Hace cinco años, googleando ya era posible acceder a todo lo que hiciste en tu vida. Pero desde el Google del corazón; aquel mediodía decidimos abrir el archivo de nuestra memoria y del alma para dedicarte el entonces Ciudadano en formato papel para develar tu paso por este valle de lágrimas, esta rosa de los vientos y esta casa tomada.
Es que vos no era solamente un futbolista, eras un referente amado y odiado y el diario se plagó de notas de quienes te amaban o respetábamos.
Nos hicimos cargo de la edición número 4411 de Ciudadano. Como son las cosas ¿no?; en ese momento no nos dimos cuenta pero hoy sumando cada unidad nos da 10. ¿Milagro de D10S? ¿Numerología divina?
Aun en pandemia y trabajando en modo virtual sentimos la conexión para honrar al Diego como necesitábamos hacerlo, escribiéndote. Era como debíamos despedirte.
Hoy ya cuando nos reconvertimos en la era digital, contamos que tuvimos el honor de despedirte con esa edición histórica para quien fue el héroe de la Luna de papel.
Si estuviste en pósters detrás de una cama, en las colecciones de revistas, en las tapas de periódicos durante tantos años; nuestra humilde necesidad era la de despedirte desde nuestra letra impresa. Y con el dolor latiendo en nuestras pupilas, nos secamos las lágrimas y lo hicimos.