Antonio Rattín, ídolo histórico de Boca Juniors, sentía una profunda admiración por Néstor "Pipo" Rossi, figura de River Plate. A fines de los años 50, en su debut en Primera División, justo en un Superclásico, el joven jugador xeneize le pidió una foto a su ídolo y así posaron ambos.
Una vez iniciado el partido, en el primer cruce, Rattín le entró con fuerza a Rossi, dejando en claro que, por más ídolo que se tenga enfrente, la entrega por la propia camiseta siempre pesa más. "Pibe, ¿qué hacés? Mirá que le digo al fotógrafo que rompa la foto", le dijo Pipo, desdramatizando con picardía criolla aquel mano a mano futbolístico. Es que era un Boca-River; cada uno quería ganar, pero no se cruzaba el límite de la neurosis. Era rivalidad, pero no la vida contra la muerte.
La foto apareció en la legendaria revista deportiva El Gráfico. No hubo escándalo ni cancelación.
Hoy, a través de "X" (nunca mejor puesta una letra para denominar a una red social), cientos de usuarios o trolls "cancelan", es decir, formatean, modelan, bullynean, y entre muchos que replican, los directivos de un club "megustean" y hacen caso. Parece natural.
El subcampeonato y la medalla despreciada
Se ha visto que en un podio, muchos futbolistas que salen subcampeones se quitan con violencia y rabia la medalla que acaban de otorgarles. Todo por no lograr el objetivo de ser campeones.
Se ha instalado que ser segundos es una calamidad, algo así como la cancelación del universo contra el individuo deportista. Y la "X" te lo refriega en la cara. Parece natural.
El espíritu del fútbol
Entre tanta naturalización de haters y de quienes detentan la potestad de decir qué es éxito y qué es fracaso, hay gestos que alientan el corazón.
Como el del entrenador de Huracán, Frank Kudelka, contando en la conferencia de prensa por qué había besado la medalla de subcampeón a pocos minutos de haber perdido una final contra Platense. "Yo vengo con esta medalla por el agradecimiento que tengo por haber llegado hasta acá, y el valor que le doy a mi equipo por haber llegado hasta acá ".
"Lo que pasa es que quiero separar lo que es coronar de triunfar. Hoy nosotros no coronamos, pero sí triunfamos. Los demás lo verán de otra manera", dijo el DT quemero.
La otra es de Lionel Scaloni opinando sobre la sanción de los dirigentes de Newell's a los niños de su club por sacarse una foto con Ignacio Malcorra, jugador de Rosario Central.
"Hay que dar el ejemplo de que se tienen que sacar una foto con quien sea". El entrenador de la Selección desdramatizó una imagen.
Nadie mejor que él para manifestar que perfectamente pueden convivir los sueños de unos chicos de Newell's por llegar a Primera con un futbolista de Central que ya llegó. Que por nada del mundo ello implica amar la casaca del rival. Algo así como lo de Rattín con Rossi.
La abuelita que nos hizo llorar
Entre tantos buenos mensajes, uno que nos conmovió hasta las lágrimas: una abuelita en un geriátrico se entera, gracias a su nieto, que Platense ha salido campeón y besa la foto del equipo. El corolario es que los chicos del "Calamar" visitan a Haydee (así se llama la abuela) para regalarle la camiseta.
En este mercado persa de cosas que parecen naturales en el fútbol y en la vida, entre apuestas deportivas que también han enlodado el deporte y salpican nuestro diario vivir, entre fantoches y mentirosos, malas praxis sociales y depredadores seriales de redes, Kudelka, Scaloni y el amor de una abuelita por Platense nos hacen recordar que no hay nada perdido.
Que hay modos más empáticos, sensibles y amorosos de conseguir objetivos. Llámese en el fútbol, en la salud pública, en la educación y en la vida.

