El 7 de enero de 2024, el fútbol perdió a quien le dio sentido y razón a ser líbero. Franz Beckenbauer murió a los 78 años, dejando un recuerdo imborrable. Sin embargo, para los mendocinos, el "Káiser" no es solo una leyenda lejana que ganó el Mundial como jugador y como técnico; es el hombre que un 12 de noviembre de 1978 deslumbró en el césped de nuestro estadio provincial.
Una "misión evangélica" con escala en Mendoza
Beckenbauer llegó a la provincia como la gran estrella del Cosmos de Nueva York, aquel equipo de figuras legendarias (como Carlos Alberto y Giorgio Chinaglia) que buscaba "evangelizar" con el fútbol en Estados Unidos. Mendoza, que todavía sentía el eco del Mundial 78, recibió al equipo norteamericano con una curiosidad masiva.
El rival fue un Independiente Rivadavia reforzado, que bajo la dirección del "Turco" Hardan Curi, alistó a figuras como el "Gato" Garín, el "Diablo" Millán y Jorge "Pichula" Funes. Fue un choque de mundos: la garra de la "Lepra" contra la sofisticación de un equipo que traía merchandising, porristas y un estilo de show desconocido para la época. Fue 2 a 1 para los norteamericanos.
"No sabías si anticiparlo o mirar su calidad"
El recuerdo de los protagonistas mendocinos es unánime. Roberto "Taca" Chavero, histórico jugador azul, resumió la experiencia de enfrentar al Káiser: "Beckenbauer se vino con la pelota desde el fondo con una limpieza que no sabías si salir a anticiparlo o dejarlo que avanzara para observar su calidad".
Aunque el partido fue parejo y la Lepra logró empatar gracias a un gol de Gimeno, la jerarquía de las estrellas internacionales se impuso. Fue el propio Franz Beckenbauer el encargado de sellar el triunfo 2-1 para el Cosmos, dejando en el Parque General San Martín la prueba irrefutable de por qué fue el mejor defensor de todos los tiempos.
Un legado que hoy es eterno
A dos años de su partida física, el "Káiser" sigue siendo el estándar de excelencia. Fue el único defensor en ganar dos Balones de Oro y uno de los pocos en conquistar el mundo desde la cancha y desde el banco de suplentes.
Hoy, en Ciudadano News, lo recordamos no solo como el símbolo del Bayern Múnich o la Selección de Alemania, sino como aquel caballero del fútbol que una noche en Mendoza, mostró que se podía jugar con cabeza levantada y pelota al pie.