"Oye argentino y tú que puedes demostrarnos", le dijo el defensor santiaguino Lizardo Garrido al Loco Ugliardi, en su debut del tercer tiempo con el Club Trasandino Los Andes.
Las botellas de pisco sour poblaban la mesa. Entre risas algo burlescas y miradas desafiantes, la junta de comandantes del equipo trasandino quería ver qué tal se comportaba en la sobremesa post fútbol el arquero que venía del Atlético Argentino de Mendoza.
El Loco no se achicó ni mucho menos. Había estado ante los mejores pateadores del fútbol cuyano y saboreado de los mejores vinos, mirá si iba a temerle a un test de resistencia al trago, solo por ser el único argentino en ese grupo de futbolistas chilenos.
Agarró la botella, se sirvió en su vaso y al cabo de un buen rato entró en el juego de compartir chistes y anécdotas con sus nuevos compañeros de equipo. Las risas conjuntas poblaron aquel suelo de la Cuarta Región.
En tiempo de la inminente guerra entre Chile y Argentina por el conflicto limítrofe del canal de Beagle, el Loco derribó en cuestión de minutos todas las fronteras humanas. Todos descubrieron que el humor y la camaradería eran las mismas en ambos países.
La cordillera era una innecesaria barrera para dos pueblos hermanos. Y los milicos no eran el pueblo. El fogoneado chauvinismo de los fascistas, solo un temor que generaba la ignorancia.
Ante esos muchachos chilenos había un argentino que vestía la misma piel que la de ellos. Con los mismos sueños y amor por el fútbol.
La desconfianza por estar enfrente a un supuesto enemigo caía como esa torre de naipes que armaban para pasar el tiempo en las concentraciones. El conflicto limítrofe del odio estaba resuelto; la infausta guerra de la xenofobia, desactivada. Brindaron hasta casi el amanecer del lunes.
En el entrenamiento del día martes, el Loco fue el primero en aparecer por el club. Y se entrenó con entusiasmo junto a sus amigos y compañeros del Trasandino Los Andes.
En su primer partido como titular, se lució como en sus tiempos de Mendoza. Voló de palo a palo, descolgando los balones que iban al ángulo y hasta se ofreció a patear un penal como lo hacía en el Argentino de Mendoza. En 1978, Norberto Loco Ugliardi no ganó la guerra, ganó la paz. Aquel domingo no se curó, los sanó a todos. El fútbol era una fiesta de amigos.
Una Navidad bajo el temor de una guerra
Cercana a la Navidad de 1978, Argentina y Chile estuvieron en vilo ya que estuvieron a pocas horas de entrar en guerra por el llamado Conflicto del Beagle.
Iba a ser una guerra total en la que se preveían 20.000 muertos sólo en la primera semana, pero un télex enviado en clave secreta al despacho del papa Juan Pablo II evitó la catástrofe.
Cuando el jefe de la Iglesia Católica decidió tomar cartas en el asunto y enviar como mediador al cardenal Antonio Samoré, se despacharon helicópteros para detener el avance los soldados argentinos, que ya estaban en la frontera dispuestos a poner en marcha lo que los militares habían bautizado pomposamente como Operativo Soberanía.
A su manera hubo otro argentino que también contribuyó a desbaratar los funestos sones de una guerra. Se trata de Norberto Ugliardi, ex arquero de Lanús, Atlético Argentino de Mendoza, Deportivo Maipú que actuando en el Trasandino Los Andes de Chile en 1978 con su forma de ser hizo camaradería con los futbolistas de aquel país.
Vaya el homenaje al Loco Ugliardi, fallecido hace unos años.
Trasandino de los Andes (Chile) en 1978
Arriba: Oscar Álamos, Juan Carreño, Carlos Villarroel, Lizardo Garrido, Joel Monsalve y Ugliardi.
Abajo: Luis "Hualo" Ahumada , Luis Lee-chong Pinilla , Ricardo Rojas, Dagoberto Donoso y Juan Carlos Gamboa.