El Baúl de Raúl

El ángel de las piernas torcidas: la increíble vida del brasileño Garrincha, el mejor wing de la historia

Manuel Francisco dos Santos, más conocido como Garrincha, desafió a la medicina y a la lógica del fútbol. Pese a nacer con una malformación ósea, se convirtió en el mejor gambeteador de la historia.

Por Fernando Montaña

Garrincha a todo color en la versión de Gémini — .

Quizás haya sido el más argentino de los brasileños. Para el mundo fue Garrincha, pero en su humilde pueblo natal de Pau Grande, en el estado de Río de Janeiro, todos lo conocían como Mané. Nacido el 28 de octubre de 1933, su destino parecía alejado de las canchas: tenía la columna desviada, la cadera torcida y su pierna izquierda era seis centímetros más corta que la derecha.

El fenómeno que desafió a la ciencia

Pese a su conformación física, debutó en el Botafogo, club que defendió hasta 1965. Quienes lo vieron jugar dan fe de que era un verdadero fenómeno. Sus piernas torcidas y sus gambetas cortas lo transformaban en el terror de los zagueros. Para Garrincha, el marcador no era un rival, sino un "João" (un don nadie) al que había que burlar por pura diversión.

Su nombre quedó grabado en la galería de los más grandes tras ser bicampeón mundial en Suecia 58, donde fue elegido el mejor puntero derecho, y en Chile 62, donde se cargó el equipo al hombro ante la lesión de Pelé.

Una vida privada marcada por los excesos

Fuera de la cancha, la vida de Mané fue tan intensa como dolorosa. Tuvo cuatro matrimonios y 13 hijos. Su relación más famosa fue con la cantante Elsa Soares, una de las voces más destacadas del canto brasileño, con quien vivió un romance tan apasionado como turbulento.

A pesar de haber estado en la mira de gigantes como la Juventus, sus problemas en las rodillas y su adicción al alcohol mermaron su rendimiento. El "jugador del pueblo" comenzó a apagarse lentamente entre la farra y el olvido.

El adiós de una leyenda

El 20 de enero de 1983, a los 48 años, falleció víctima de una cirrosis hepática. Se fue pobre y solo, pero dejó una marca imborrable en la retina de los amantes del fútbol y en la pluma de poetas como Alfredo Zitarrosa, quien lo describió de forma magistral: "Lo lleva atado al pie como una luna... y le pega tan suave, tan corto, tan bello, que el balón es palomo de comba en el vuelo".