Tras un ciclo glorioso en River, que lo ubicó entre los entrenadores más influyentes de la historia del club y del continente, desde su retorno a mediados de 2024 no ha podido consolidar su impronta y mucho menos competir en lo futbolístico.
La próxima temporada lo encuentra en una etapa distinta con más obligación. Será clave que acierte con la elección de los refuerzos, para armar un equipo competitivo que pueda pelear por los torneos que afrontará (Torneo Apertura y Clausura, Copa Sudamericana y Copa Argentina).
La exigencia será inmediata, deberá diseñar un plantel para su idea de juego (que hasta acá no quedó clara) con la obligación inmediata de conseguir un torneo local o internacional, para volver a posicionar al club en los primeros planos luego de un 2025 de fracaso en fracaso.
¿Podrá reinventarse sin traicionar su esencia?
Su propuesta ofensiva, su intensidad y su obsesión por el protagonismo serán su marca registrada. Tendrá que encontrar rápidamente un funcionamiento para poder encontrar resultados que le brinden tranquilidad. Porque los tiempos se acortaron y la paciencia desapareció.
Hay mucha expectativa alrededor de su persona y es lógico por todo lo que consiguió a lo largo de su carrera como técnico de uno de las instituciones más importantes del país y del continente.
Si algo ha demostrado el Muñeco es que no le teme a los grandes desafíos. El 2026 puede volver a ser la confirmación de su estatura histórica o el inicio de una transición con una posible salida antes de lo pensado.
Por eso el fútbol, que suele ser ingrato y falto de memoria, le volverá a pedir que gane para recordar lo que nunca debería olvidar.

