En una demostración de vigencia y poderío, Novak Djokovic superó su primera gran prueba en esta edición de Roland Garros. El serbio, actualmente sexto en el ranking ATP, venció al alemán Alexander Zverev (tercero del mundo) en un intenso partido de cuatro sets, con parciales de 4-6, 6-3, 6-2 y 6-4, para asegurar su lugar en las semifinales del Grand Slam francés.
Su próximo desafío será nada menos que ante el flamante número uno del mundo, el italiano Jannik Sinner, quien dejó en el camino al kazajo Alexander Bublik.
A pesar de los altibajos que ha mostrado en una temporada en la que solo ha ganado un título (el 100° de su carrera en Ginebra) y llegó a la final de Miami, Djokovic, tres veces campeón en París, no figuraba para muchos analistas como el principal candidato a levantar la Copa de los Mosqueteros.
Sin embargo, su rival de hoy, Zverev, ya lo había advertido días atrás: "El tipo ha ganado 24 Grand Slams. Nunca va a ser un caballo negro. Definitivamente sabe cómo jugar al tenis. Definitivamente sabe lo que significa estar en el gran escenario y jugar grandes partidos. No hay dudas". Una afirmación que el propio Nole se encargó de confirmar este miércoles.
De la Sorpresa Inicial a la Reacción Maestra
El alemán Zverev, finalista de la edición anterior, ilusionó a sus seguidores con un arranque agresivo. Un quiebre temprano le permitió ponerse 2-0 en apenas siete minutos y, con un sólido juego de saque, se adueñó del primer set.
Pero Djokovic, que venía de celebrar su triunfo número 100 en Roland Garros, despertó en el segundo parcial. Redujo sus errores no forzados mientras los de Zverev aumentaban, se mostró más cómodo con su servicio y se movió con mayor fluidez por la cancha.
Le robó un quiebre al alemán en el cuarto game (3-1), lo que le bastó para llevarse un set con peloteos más largos e intensos. El último punto, un intercambio incesante de 23 golpes que el serbio coronó con un exquisito drop shot, desató una ovación para ambos jugadores.
Nole toma el mando
Tras igualar el marcador, el serbio de 38 años se soltó por completo y empezó a dominar el partido ante un Zverev cada vez más frustrado.
Djokovic estuvo intratable con el saque (ganó 13 de los 14 puntos con el primer servicio y tres de cuatro con el segundo), se mostró firme en sus devoluciones y sacó a relucir todo su repertorio.
Consiguió un quiebre en el quinto juego, aprovechando un servicio flojo de Zverev, y repitió el break en el séptimo ante un alemán visiblemente afectado. Nole cerró el set en 35 minutos y apuntó a quebrar definitivamente el espíritu de su adversario al robarle el saque también en el inicio del cuarto parcial.
Aunque el alemán se vio frustrado en varios momentos del set, gritando hacia su banco y con el rostro adusto, nunca se rindió. Y como Djokovic tampoco cedió, el público pudo disfrutar de un partido de alto nivel y muy entretenido.
Un sexto concluyente
En el sexto game, por ejemplo, protagonizaron un rally de 41 golpes, que el serbio se llevó para sostener su saque y ponerse 4-2.
A pesar de la exigencia física de puntos como ese, Djokovic necesitaba solo unos segundos para recuperar el aliento y elongar sus piernas.
Su físico, que muchos habían puesto en duda para un duelo largo ante jugadores más jóvenes, siguió respondiendo a la perfección.
Zverev no logró recuperar el break y Djokovic llegó al décimo game con ventaja de 5-4 y la posibilidad de sellar la victoria con su servicio. El cierre fue una batalla: el alemán levantó tres match points, pero en el cuarto, un error al subir apurado a la red sentenció el triunfo de Nole, que avanza con paso firme hacia la historia.